Hoy se nos revela la fuente de la paz, de la serenidad, de la felicidad.
Hoy se nos revela la fuente de la paz, de la serenidad, de la felicidad.
Hay frases con las que no se puede especular, son contundentes, directas, claras, incisivas.
’El que se enaltece será humillado y el que se humilla será ensalzado’.
Deja en tu mente la sentencia sapiencial: ’La medida que uses la usarán contigo’.
“Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: El Señor Jesucristo” (Flp 3,20).
Frente a la voluntad compasiva de Dios se levanta la voz de los justicieros.
Consideramos el hecho de comer o de cenar, que celebraron los discípulos con Jesús resucitado en tantas ocasiones, como alusión al sentido del gusto, experiencia que les valió a los Apóstoles para después acreditar que Cristo había resucitado.
Los aromas son algo aparentemente superfluo, pero manifiestan la gratuidad, el amor más generoso. Jesús defendió a la mujer que lo ungió con perfumes.
Manos que palparon, y que abrazaron. Manos que mostraron los trofeos de la Pasión. Memoria del gesto más emblemático, la fracción del pan.
Deseo ofreceros, mi reflexión acerca de los sentidos. Sorprende cómo, al tener presentes las diferentes narraciones de las apariciones de Jesús, se descubre la importancia que dan los Evangelios a la implicación de los sentidos.
No se puede soslayar uno de los datos más significativos que señalan los relatos pascuales de todos los evangelios: las mujeres fueron las primeras en conocer la noticia del sepulcro vacío y de la resurrección de Cristo.