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Principios para el diálogo interreligioso y sus actitudes

Ron Rolheiser (Traducción Benjamín Elcano, cmf) -

Vivimos en un mundo y en religiones que se dan también a la falta de respeto y la violencia. Virtualmente, todos noticiarios documentan hoy el uso generalizado del desacato y la violencia hechos en nombre de la religión, desacato hecho por causa de Dios (a pesar de lo extraña que puede parecer esa expresión). Invariablemente, esos que obran así ven sus actuaciones como sagradas, justificadas por una causa santa.

Y, si la historia es para ser creída, siempre ha sido así. Ninguna religión, la Cristiandad no menos que cualquier otra, ha sido inocente. Cada una de las grandes religiones del mundo ha sido, en diferentes tiempos, perseguida y perseguidora. Así pues, esto pide preguntarnos: ¿Cuáles son algunos principios fundamentales que se nos pide para vivir apropiadamente nuestra relación con otros credos independientemente de nuestra particular fe?

Lo mejor de cada una de nuestras tradiciones nos sugeriría estos diez principios:

1.- Todo lo que es bueno, verdadero y bello viene de un único y mismo autor, Dios. Nada que sea verdadero, independientemente de su particular manto religioso o secular, puede ser visto como opuesto a la verdadera fe y religión.

2.- Dios quiere igualmente la salvación de todos los pueblos, sin  discriminación. Dios no tiene favoritos. Todos los pueblos tienen acceso a Dios y al Espíritu de Dios, y nunca la humanidad entera ha carecido de la divina providencia. Además, ninguna religión está para rechazar lo que es verdadero y santo de otras religiones.

3.- Ninguna religión o denominación tiene la verdad total y perfecta. Dios es infinito e inefable. Por esta razón y por definición, Dios no puede ser encerrado adecuadamente en conceptos y lenguaje humanos. Así pues, mientras nuestro conocimiento de Dios puede ser verdadero, es siempre sólo parcial. Dios puede ser conocido verdaderamente, pero Dios no puede ser pensado adecuadamente.

4.- Todos credos y todas religiones van viajando hacia la plenitud de la verdad. Ninguna religión o denominación puede considerar completa su verdad, algo en lo que descansar permanentemente; más bien debe verlo como un punto de partida del que viajar. Además, como religiones diferentes (y denominaciones y grupos sectarios dentro de esas religiones), necesitamos sentirnos suficientemente seguros dentro de nuestro propio “hogar” como para conocer la verdad y la belleza que son expresadas en otros “hogares”. Necesitamos aceptar (y -sugiero- estar encantados) que haya otras vidas dentro de las cuales la fe es escrita en diferente lenguaje.

5.- La diversidad dentro de las religiones es una riqueza, querida por Dios. Dios no desea precisamente nuestra unidad; Dios también bendice nuestra diversidad, que ayuda a revelar la maravillosa sobreabundancia que hay dentro de Dios. La diversidad religiosa es causa de mucha tensión, pero esa diversidad y la lucha por superarla contribuirán fuertemente a la riqueza de nuestra eventual unidad.

6.- Dios está diseminado en las religiones del mundo. Cualquier cosa que es positiva dentro de una religión expresa algo de Dios y contribuye a la divina revelación. De aquí que, visto desde este aspecto, todas las diferentes religiones del mundo ayudan a hacer a Dios conocido.

7.- Toda persona debe responder de su fe en base a su propia conciencia. Cada uno de nosotros debe asumir la responsabilidad de nuestra propia fe y salvación.

8.- Intencionalmente, todas las grandes religiones del mundo se compenetran unas con otras (y para un cristiano eso significa que compenetran el misterio de Cristo). Una genuina fe sabe que Dios es solícito por cada una y que el espíritu de Dios sopla libremente, y por eso se empeña en relacionarse con la intencionalidad de otras religiones y con otras denominaciones y grupos sectarios que haya en su propia religión.

9.- Una simple conexión externa e histórica con cualquier religión es menos importante que lograr una relación personal idealmente de intimidad con Dios. Lo que Dios quiere de nosotros más profundamente, independientemente de nuestra religión, es no una práctica religiosa sino una relación personal que transforme nuestras vidas de modo que irradien  más claramente la bondad, verdad y belleza de Dios.

10.- En nuestras vidas y en nuestra relación con otras religiones, el respeto, la gracia y la caridad deben estar por encima de todas otras consideraciones. Esto no significa que todas las religiones sean iguales y que esa fe pueda ser reducida a su mínimo común denominador, pero sí significa que lo que yace más profundo dentro de cada fe sincera sean estos fundamentos: respeto, gracia y caridad.

A través de la historia, grandes pensadores han lidiado con el problema de lo uno y lo múltiple. Y, consciente o inconscientemente, todos nosotros también luchamos con esa tensión entre lo uno y lo múltiple, la relación entre la unidad y la diversidad; pero quizá esto no es tanto un problema cuanto una riqueza que refleja la sobreabundancia de Dios y nuestra lucha humana por comprender esa sobreabundancia. Tal vez la cuestión de la diversidad religiosa podría ser descrita así:

Diferentes pueblos, una sola tierra.
Diferentes creencias, un solo Dios.
Diferentes lenguajes, un solo corazón.
Diferentes fracasos, una sola ley de gravedad.
Diferentes energías, un solo Espíritu.
Diferentes escrituras, una sola Palabra.
Diferentes formas de culto, un solo deseo.
Diferentes historias, un solo destino.
Diferentes disciplinas, un solo propósito.
Diferentes enfoques, un solo camino.
Diferentes credos, una sola Madre, un solo Padre, una sola tierra, un solo cielo, un solo comienzo, un solo fin.

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