Cierto día llegó al monasterio un joven peregrino a quien habían dicho que el Abad tenía el don de ciencia, de sabiduría y de consejo. -¿De dónde vienes? -le preguntó amablemente el Abad.
-Del otro extremo del planeta -respondió el joven-; me han dicho que usted me enseñaría dónde está Dios.
-En el otro extremo del planeta, dijo el Abad con una sonrisa acogedora.
Al joven se le cayó el velo de los ojos. Y comprendió que el viaje había merecido la pena.
Santos Miguel, Gabriel y Rafael, arcángeles.
Jn 1,47-51. Veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.


