1. El primer relato de la Creación (Gén 1)
Ha configurado el imaginario de los pueblos del Oriente y el Occidente cristiano. Se debe al redactor sacerdotal (al yahvista se atribuye Gén 2,4b-25). Fue compuesto entre los siglos VI-V a.C., con posterioridad al destierro babilónico, que concluyó el año 539 a. C.
Señalamos:
1. En este relato, luego de describirse el caos inicial, se presenta la creación como obra de separación (luz – tinieblas, aguas superiores – aguas inferiores, tierra – mares) y como obra de ornamentación (lumbreras, peces y aves, animales y hombres).
2. Todo tiene su origen en Dios. Se rechazan concepciones y representaciones dualistas de lo real.
3. Son desdivinizadas realidades que tenían rango divino en otras culturas: astros, sol… Se las considera simplemente criaturas con una función en el conjunto.
4. Dios encomienda a los hombres el dominio de las cosas. (En el segundo relato se le encomienda al hombre también el cuidado o tutela).
5. Se destaca la bondad de la creación.
2. Noción teológica de creación
La teología cristiana propone su concepción del mundo fundándose en el testimonio bíblico apuntado y diferenciándose de otras concepciones que vamos a presentar someramente.
2.1. Las otras concepciones del mundo
1. Según el dualismo (dualismo persa, maniqueísmo), doctrina que nace de la experiencia del mal, la realidad es irreducible a un único principio u origen. Hay dos principios, Ormuz y Ariman, la luz y las tinieblas, un principio del bien y un principio del mal. La realidad está dividida en dos hemisferios incompatibles.
2. Según el emanatismo, el mundo sería algo así como una «exudación» natural y necesaria a partir de un principio primero, del que derivaría en un proceso descendente y degenerativo hasta llegar a la realidad ínfima de la materia.
3. Según algún monismo idealista, el mundo sería un momento intrínseco de la génesis del Absoluto, que llegaría a la plena autoconciencia a través del despliegue o historia de la realidad cósmica.
4. Según el materialismo, todo lo real se reduce a materia. La materia es absoluta, increada, autogenerada, subsistente, autosuficiente y eterna.
2.2. La concepción cristiana
Por “creación” entienden los teólogos cristianos la relación constitutiva y permanente de dependencia que el sistema global del universo y las distintas realidades que lo componen dicen respecto de su Fundamento absoluto, al que llamamos Dios. Atiéndase a que lo finito depende “en el principio, ahora y siempre” del Absoluto como de su fundamento.
Hablemos ahora la creación desde Dios. Citamos a Zubiri: «Es una acción vital, una procesión iniciante en forma de donación liberal, que emerge justamente de la esencia de Dios en tanto que extática y en tanto que infinita en sus tres dimensiones de omnipotente, omnisciente y omniprovidente» (El Problema Teologal del Hombre: Cristianismo, 189-190).
Comparemos la creación divina con la fabricación humana: mientras que el mueble construido por un carpintero es luego independiente del que lo diseñó y fabricó, la realidad cósmica dice una relación permanente de dependencia a su Principio. Por otro lado, se dice que el mundo ha sido creado de la nada, no en el sentido de que la nada fuera una especie de materia preexistente, sino en el sentido de total ausencia de sustrato previamente dado.
¿Qué cabe decir sobre la evolución desde el punto de vista teológico? Evolución es un concepto empírico que corresponde a la pregunta por el origen en sentido “horizontal”. Creación, por el contrario, es un concepto teológico y pregunta por la causa y el fin “verticales” de la realidad. Dios ha querido que estas realidades se vayan formando a sí mismas; el mundo material se va progresivamente formando desde sí mismo por lo que llamamos evolución.
3. Cambios en la imagen de Dios
La imagen de Dios ha experimentado modificaciones a lo largo de la historia. Del henoteísmo o monolatría primitivos se pasó en la época del exilio a un claro monoteísmo: hay una única realidad trascendente absolutamente absoluta de la que pende todo el sistema de lo real finito. En el Segundo Isaías se afirma inequívocamente: «yo soy Dios y no hay otro».
Otro factor de cambio ha sido la ciencia. Newton recurrió a una acción especial de Dios para suplir fallas en su explicación del sistema planetario; de esta suerte apareció una imagen de Dios como “tapagujeros” o deus ex machina. La teología de nuestro siglo ha aprendido a pensar más responsablemente sobre Dios. Este será un Dios vivo, pero no el Dios cosmológico del pasado que actúa como un eslabón más en la cadena de causas físicas.
4. Imagen bíblica y visión científica del mundo
Parece ser que en la tradición cristiana se vino a considerar la Escritura como una especie de Libro Total. Se llegó a concebir la Escritura como dictado divino, de suerte que todas y cada una de las frases eran verdaderas en su tenor literal. No se habían descubierto los géneros literarios ni la distancia entre la intención significativa y el enunciado.
Esto ayuda a comprender la condena de Galileo. Sin embargo, ya antes de Galileo había dicho Agustín que al testimonio bíblico no le interesa instruirnos sobre cómo va el cielo, sino sobre cómo se va al cielo. Como conclusión: ni literalismo ni concordismo son acercamientos adecuados a los escritos fundacionales cristianos.
5. Crisis de creencias y de dogmas cristianos centrales
Russell y Unamuno creen que el desplazamiento geométrico de la Tierra entrañaba un destronamiento de los seres humanos. De cima de la creación, pasábamos a ser entidades azarosas del cosmos. Con ello se volvían más improbables los dogmas de la creación y la redención en el imaginario social.
A volver problemáticas estas doctrinas ha podido sumarse la creencia en la posibilidad de otros mundos habitados por seres inteligentes. En la línea del pensamiento de Tillich, podríamos decir que son posibles diferentes manifestaciones del Logos divino en los diferentes mundos habitados por seres inteligentes.




