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De víspera

Ángel Sanz Arribas, cmf., Gonzalo Fernandez Sanz cmf -

Carta a un/a hermano/a que empieza su retiro

Querido/a hermano/a:

Ya estás en retiro. El Señor te llama porque quiere y porque te quiere, porque lo necesitas, porque desea comunicarse familiarmente contigo a lo largo de estas jornadas.

No se trata ahora de hacer, de aprender, de programar... Es algo mucho más sencillo: se trata de vivir. O mejor todavía, de convivir, de cultivar la amistad con JESUCRISTO "estando muchas veces tratando a solas que quien sabemos nos ama".

Jesús te conducirá al PADRE. Lo conoce muy bien. El Padre y él son una misma cosa. ¿Quieres durante estos días entrar verdaderamente en comunicación personal con Cristo y con el Padre por la acción de su ESPÍRITU?

Eso es, ni más ni menos, la ORACIÓN. Atrévete a exponer una y otra vez a Cristo la mayor necesidad de tu vida: "Señor, enséñame a orar". Porque la verdad es que no sabes. Ni puedes. Eres incapaz de orar por ti mismo/a. Sólo el Maestro tiene la verdadera fórmula. Una fórmula que se expresa en palabras ["Padre nuestro..."], pero que se capta únicamente con la vida. Podrías morirte con muchas ideas y palabras sobre la oración, pero sin saber qué es oración, sin experiencia de oración. Y la oración sin experiencia no es nada.

Recuerda a los grandes orantes, a los grandes "tuteadores" de Dios.

-  Ante todo, al mismo JESÚS, que al hablar con el Padre decía: "Abbá, Padre" (o en una traducción más matizada, "querido papá").
-  A MARÍA de Nazaret, mujer sencilla, pobre y contemplativa, que sabía callar, sufrir, luchar, guardar cuidadosamente en su corazón la Palabra de Dios para meditarla despacio... Y también sabía cantar con un espíritu rebosante de gozo y acción de gracias: "Mi alma glorifica al Señor".
-  Recuerda a MOISÉS, "el más humilde que haya pisado la tierra" [Num 12, 3], que decía: "Me postré ante Yahvé y estuve postrado cuarenta días y cuarenta noches" [Dt 9, 24]; este hombre que bajaba del Sinaí con el rostro encendido.
-  O a FRANCISCO, el pobrecillo, el del Cántico de las creaturas: "Loado seas por toda creatura, mi Señor".
-  O a TERESA, que se ha hecho "palabra viva acerca de Dios", en expresión de Juan Pablo II: "Acaecíame -escribió ella- venirme un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera podría dudar que estaba dentro de mí y yo toda engolfada en él.

Querido/a hermano/a:

¿Sabes que estás llamado/a a entrar de una vez -y de lleno- en esta corriente viva de los grandes orantes?

Orar es sencillo, pero es difícil. Sencillo porque no es complicado; difícil porque conduce a la cruz, al sufrimiento, a la agonía, a la muerte. Orar es tan sencillo y tan difícil como dar la vida.

Consiste, ante todo, en recibir; pero un recibir no egoísta sino humilde, agradecido y gozoso, propio del verdadero pobre de espíritu. Lo cual exige mucho y requiere un largo aprendizaje. Porque se trata de acoger todos los dones, incluida la cruz.

Y es también dar, dar todo. El que ora con verdad y perseverancia termina dando la vida. Por eso hay tantos que no se atreven a orar. O que comienzan y no siguen. Orar, hermano/a, es una “aventura peligrosa" [Pablo VI], la aventura del evangelio, la única por la cual merece la pena vivir... y morir.

Estos días, son una respuesta a la invitación personal del Maestro: Ven conmigo a un lugar solitario. Te llama sencillamente a encontrarte con él. En clima de silencio y en actitud de disponibilidad. Con gran deseo de aprovechar al máximo este don de Dios. Abierto/a con humildad a todas las mediaciones por las cuales él quiera comunicarte su gracia.

Estos días son importantes no sólo para ti sino también para tus hermanos, es decir, para la iglesia y para el mundo. María, la primera discípula de Jesús, a quien gozosamente reconoces como madre y modelo, te iniciará en la experiencia del Señor Jesús, por quien vivimos y hacia quien caminamos.

PREGUNTAS PARA RESPONDER EN EL CUADERNO:

-  1. ¿En qué disposición me encuentro al comenzar este retiro?
-  2. ¿Qué me está pidiendo el Señor?
-  3. ¿Qué le pido yo a él para estos días?

ORACIÓN: Salmo 107 (108)

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