¿Qué futuro tienen los Sacramentos aquí en Europa, cuando se dice que estamos entrando en un mundo que ha dejado de ser cristiano, religioso y, en consecuencia, ha dejado de ser sacramental y ritual?
Dios debería estar interesado en no pasar desapercibido. Me atrevo a decirlo, como lo diría Job, o el Eclesiastés. Porque si Dios calla, ¿podrá el ser humano escucharlo? Si Dios se vuelve tan invisible, ¿podrá el ser humano encontrarlo? ...
No deberían ir pasando las diversas Jornadas Mundiales de la Juventud sin que la Iglesia ofrezca respuestas válidas y viables a los interrogantes que la juventud mundial hoy nos presenta, aunque ellas y ellos no las formulen adecuadamente e incluso las olviden durante estas celebraciones.
Leí el relato de la creación y comencé a pensar en Dios de forma diferente. Se me ocurrió contemplarlo, no como Dios de actos religiosos, sino como un genio, una persona superexperta en matemáticas, en físico-química, en biología y anatomía, o en geología y oceanografía, o en astronomía, o en arte, no en novelística… Me resultó fascinante mirarlo de esta manera.
He leído el siguiente decálogo en una conferencia de Mons. Raúl Berzosa (Obispo auxiliar de Oviedo, España) y se lo ofrezco a los lectores porque puede sugerirles muy buenos pensamientos, sentimientos y comportamientos.
Si nos tomáramos la molestia de leer en el Antiguo Testamento todos los lugares en los que se habla de 'justicia' nos llamaría la atención la pluralidad de contextos y situaciones en que aparece y la diversidad de significados con que se hace uso de este término.
Toda acción humana conlleva una intención. La intención o finalidad es lo último en alcanzar pero está desde el principio en la voluntad de la persona, motivándola para la acción y animándola en el proceso de la ejecución o puesta en práctica de los medios para alcanzar el fin
Parto del convencimiento de que los cristianos en su conjunto y la Iglesia en general, como personas que vivimos en una realidad concreta, estamos llamados a colaborar en la construcción de una sociedad más justa.
Las personas, ya desde la infancia, deben ser educadas en el conocimiento de sus deberes de justicia, en el respeto escrupuloso de los derechos de los demás y en el deseo de trabajar en favor del progreso de la justicia.
A veces vivimos como cristianos subdesarrollados. No por mala voluntad, sino por no aprovechar todas las posibilidades que se nos han dado en Cristo. Nuestra experiencia de encuentro con el Señor se reduce casi exclusivamente a la oración y la Eucaristía
La vida del cristiano tiene que ser activa, comprometida y empeñada en la causa de Jesús, que es la causa de Dios y la causa de los hombres, la causa de la vida verdadera, la causa de la verdad y de la justicia, y por eso mismo también la causa de la salvación y de la felicidad.
El arte de morir se aprende durante la vida. Quien sabe aceptar las muertes que advienen, y muere una y otra vez, con belleza, con estilo, con amor, hará de su muerte un recuerdo imborrable, una obra de arte, patrimonio de la humanidad.
Para muchos jóvenes de hoy, la vocación es algo que afecta sólo a los que quieren ser sacerdotes.
La crisis de la vocación es muy preocupante, también en términos sociales y políticos, porque inhibe tres actitudes esenciales para la convivencia: la acogida, la gratitud y la gratuidad.
Hubo tres importantísimas aportaciones en aquel tiempo de gracia que fue el Concilio Vaticano II que deberían ser muy recordadas en estos momentos
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote
Mc 9, 41-50. Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno.
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