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11. Salida

Ciudad Redonda, Ciudad Redonda -

CARTA DEL MAESTRO

Querido/a hermano/a:

Has concluido el camino de ejercicios. Ha sido un camino de diez etapas. Todo camino llega a una meta. Es normal que ahora, al terminar, te preguntes: ¿A qué meta he llegado yo? ¿De qué me ha servido la experiencia de estos días? ¿Qué he conseguido?

Cuando uno termina un curso suele hacer un examen para comprobar sus conocimientos. Si lo supera, recibe un aprobado, un notable y hasta un sobresaliente. Al acabar un viaje solemos repasarlo con ayuda de las fotografías, notas o recuerdos que hemos ido reuniendo.

¿Cómo se mide la eficacia de unos ejercicios? ¿Quién nos pone la nota? ¿Qué fotografías guardamos?

Es probable que, en contacto con la Palabra de Dios, hayas visto con más claridad algunos aspectos de tu vida: tus zonas de sombra, tus inquietudes, tus vacilaciones, tus miedos, tus deseos. Es normal. La Palabra es como una "lámpara en nuestros pasos", como una "luz en el sendero" (salmo 118). Cada vez que nos situamos ante ella, vemos con los ojos del corazón, con la luz de la fe. Este es ya un primer fruto.

Quizá también has sentido impulsos a cambiar algo, a tomar alguna decisión. Habrás comprobado que estos impulsos no surgen de dar vueltas a la cabeza, sino simplemente de dejarnos tocar por la Palabra, porque la Palabra "es viva y eficaz, más cortante que espada de dos filos; penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón" (Hb 4,12).

Todo esto, aun siendo importante, no es lo principal. Lo principal no se puede medir de ninguna manera porque es una relación. Tú has dedicado diez días a cultivar gratuitamente tu relación con Dios, a dejarte inundar por su gracia. Por eso, ahora, al acabar, lo más importante es darle gracias por la obra que, a través de su Espíritu, ha ido realizando en ti. Tómate un tiempo para la gratitud. Y permite que la gratitud te libere de la preocupación excesiva por "sacar algo".

Cuando nos acercamos a Dios no vamos en busca de algo. Dios no es un mago que nos concede cosas según nuestros deseos. Cuando nos acercamos a Él, buscamos el don de su presencia. Su Espíritu es el gran regalo que nos concede. ¿Cómo se mide la eficacia de unos ejercicios? Pues como se mide la vida cristiana: ¡con la medida del amor! Quien ha sido visitado por Dios ensancha su capacidad de amar. Quizá sigue haciendo las mismas cosas de siempre, pero aprende a hacerlas "con amor". Oye como dirigidas a sí mismo las palabras de Juan de la Cruz: "Pon amor y sacarás amor". ¿Te sientes impulsado/a a entregarte más a las personas que están a tu lado? Has caído en la cuenta de que puedes amar a otras personas que no forman parte de tu círculo habitual? ¿Amas a Dios como el tesoro de tu vida?

Y, junto al amor, siempre aparece su hermano pequeño: el sentido del humor, que es también hermano pequeño de la fe y de la esperanza. ¿Cómo se puede vivir el amor sin humor? ¿Te sientes con más fuerza para no dar tanta importancia a las cosas que hasta ahora te traían por la calle de la amargura? ¿Te brota la sonrisa de formas más espontánea? ¿Te resulta más fácil caer en la cuenta de la cara amable de la vida?

Quizá sientes ahora la necesidad de formular un plan, de poner por escrito las cosas que quisieras hacer a partir de ahora. Es un deseo bueno, pero no caigas en la tentación de querer abarcarlo todo o de amontonar muchos compromisos. Te has acercado a la Palabra para ganar en libertad, no para sucumbir bajo el peso de muchas cosas que, con el paso del tiempo, te llevarían a la frustración. Basta con que elijas una o dos que te parezcan más importantes, que puedan expresar mejor la experiencia de estos días; por ejemplo, rescatar un tiempo diario para escuchar la Palabra, reconciliarte con una persona, compartir más tu tiempo y tu dinero, prestar atención a tu familia. Se camina más paso a paso que a golpes de entusiasmo.

Si t e parece que esta experiencia sencilla puede ser vivida por otras personas de tu entorno, ¿por qué no se la propones con sencillez? A veces, las cosas más simples son las que más nos ayudan en el camino de la vida. ¡Ánimo! No olvides que no podemos hacer todo lo que deseamos de la noche a la mañana, pero el Espíritu de Jesús nos irá guiando hasta la verdad plena. Y María irá gestando a Jesús en nuestro corazón.

PARA EL CUADERNO

En el momento oportuno puedo dedicar un rato a preguntarme cómo me siento hoy. ¿Está creciendo mi confianza en el Señor? ¿Qué espero de él? ¿Qué me parece que espera él de mí? ¿Estoy dispuesto a dárselo? Puedo hacer un sencillo plan de vida, que tenga en cuenta dos puntos:
-  1) Mi relación con Dios (oración, sacramentos, escucha de la Palabra);
-  2) Mi relación con los demás, en especial con los más próximos (padres, hijos, hermanos, compañeros de trabajo... y con los más necesitados). Siempre en comunión con María.

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