La Costa Abajo ha sido para muchos hermanos y para mí una verdadera escuela misionera.
La Costa Abajo ha sido para muchos hermanos y para mí una verdadera escuela misionera.
Porque se trata de estar con Él. Acudamos a su presencia con humildad, derramando nuestro corazón herido ante su presencia.
Pretendemos fijarnos en los procedimientos que Dios tiene para llamar a personas concretas en medio del mundo.
¿Donde serviré más y mejor a Dios y a los hermanos y podré contribuir así al crecimiento del Reino? Esta pregunta nos debe marcar a todos.
La infancia desempeña un papel decisivo en la historia de la salvación. Tan decisivo que viene a ser la condición indispensable de pertenencia al Reino.
No es un acto, que se realiza de una vez para siempre, sino un verdadero proceso, que ha de durar la vida entera.
Sobre todas las formas de vida consagrada, sigue pesando todavía un excesivo juridicismo, que ahoga a veces los mejores impulsos del espíritu.
Pablo VI, hablando de la obediencia religiosa, señala lo que podríamos llamar tres excepciones a la misma obediencia.
La infancia espiritual, en el sentido de Jesucristo, es lo mismo que la madurez cristiana.
¿Hay que hacer las cosas porque están mandadas, o están mandadas porque hay que hacerlas?
Saberse conocido por Jesús y saberse amado por él, en igual medida y de forma absolutamente personal e inconfundible, es fuente inagotable de gozo y, a la vez, de exigencia.