Lo que descansa más profundo dentro de la fe auténtica es la verdad de que Dios es el objeto de todo deseo humano, sin importar qué terreno y pecaminoso pudiera a veces parecer ese deseo. Esto implica que todo lo que deseamos se contiene en Dios.
Lo que descansa más profundo dentro de la fe auténtica es la verdad de que Dios es el objeto de todo deseo humano, sin importar qué terreno y pecaminoso pudiera a veces parecer ese deseo. Esto implica que todo lo que deseamos se contiene en Dios.
Hace varios años, la película Argo ganó el premio de la Academia como la mejor película del año. Gocé de la película en lo que fue un buen drama, drama que mantenía a su audiencia en verdadero suspense aun cuando proporcionaba algo de humor y bromas de manera discreta. Pero no estuve de acuerdo con varios aspectos del film.
Recientemente, dirigí un retiro de una semana para sesenta personas en un centro de renovación. En conjunto, fue muy bien, aunque idealmente pudo haber ido mejor. Podría haber ido mejor si, previamente al retiro, hubiera tenido más tiempo para prepararlo y más tiempo para descansar, de modo que hubiera llegado al retiro bien descansado, lleno de energía y capaz de dar a este grupo mi total e indivisa atención durante siete días.
Christian de Cherge, el abad trapense que fue martirizado en Argelia en 1996, cuenta esta historia de su Primera Comunión. Él creció en una familia Católica Romana en Francia, y el día de su Primera Comunión dijo a su madre: “No entiendo lo que voy a hacer.” Ella respondió sencillamente: “Está bien, no tienes por qué entenderlo ahora; lo entenderás más tarde.”
Todo el mundo ansía conocer algo que es secreto, conocer algo que otros no saben, pero que tú sí, y cuyo conocimiento te da alguna visión y ventaja sobre otros que están fuera del círculo interior de ese secreto. Siempre ha sido así. Históricamente, esto se llama “gnosticismo”, que siempre hace su aparición de una forma u otra.
El renombrado escritor espiritual Henri Nouwen no hizo ningún secreto del hecho de ser emocionalmente hipersensible y de sufrir, a veces hasta el punto de depresión clínica, de obsesiones emotivas. A veces, él, célibe con votos, estaba simplemente dominado por el sentimiento de estar enamorado de alguien que estaba absolutamente indisponible, que le dejara psicológicamente paralizado y necesitado de ayuda profesional.
Cuando Friedrich Nietzsche declaró “Dios está muerto”, añadió una pregunta: ¿Qué clase de esponja se precisa para limpiar todo un horizonte?
Yo hago esta pregunta con frecuencia porque en el curso de mi propia vida ha habido una mengua sin precedentes en el número de personas que acuden a la iglesia con regularidad.
Mi primer amor fue la literatura, las novelas y la poesía. De niño, me encantaban los libros de cuentos, misterios y aventuras. En la escuela primaria, me hicieron aprender de memoria poemas y me gustaba el ejercicio. La segunda enseñanza me introdujo en una literatura más seria: Shakespeare, Kipling, Keats, Wordsworth, Browning. Como algo extraordinario, todavía leo libros de cuentos, historias de vaqueros del viejo Oeste, tomadas del anaquel de mi padre.
Clásicamente, tanto en el mundo como en nuestras iglesias, hemos visto la desesperación como el pecado más grave e imperdonable. La simple opinión era que ni Dios ni ningún otro te puede salvar si tú simplemente te rindes, te desesperas, te haces incapaz de esforzarte. Casi siempre en la mente popular esto fue aplicado al suicidio.
Se afirma que Dorothy Day indicó una vez: No me llaméis santa. ¡No quiero ser desechada tan fácilmente! Una nueva biografía sobre ella escrita por su nieta Kate Hennessy (Dorothy Day – El mundo será salvado por le belleza: Un retrato íntimo de mi abuela), andará -creo yo- un largo camino previniendo a alguien de convertir a Dorothy Day -que pronto será canonizada por la iglesia- en lo que ella se temía, una santa de escayola que puede ser piadosamente idolatrada y luego no ser tomada en serio
A excepción de la Escritura y de unos pocos místicos cristianos, la espiritualidad cristiana, hasta ahora, ha sido remisa en regalarnos una perspectiva para los años de nuestro retiro. La razón de eso no es ningún misterio. Hasta hace poco, la mayoría de la gente moría poco después de la jubilación, y así, pasados nuestros años activos, no había necesidad de una espiritualidad altamente desarrollada de la generatividad.