Cada vez que vayamos a la oración, o a ejercer nuestro ministerio, o a hacer algo religioso, es bueno preguntarnos a nosotros mismos: ¿De quién o de qué se trata, realmente?
Cada vez que vayamos a la oración, o a ejercer nuestro ministerio, o a hacer algo religioso, es bueno preguntarnos a nosotros mismos: ¿De quién o de qué se trata, realmente?
En los Evangelios las palabras “multitud” (o “muchedumbre”) casi siempre se usan en sentido peyorativo, tanto es así que casi cada vez que aparecen esas palabras se las puede introducir con el adjetivo “estúpida” o “insensata”.
Tenemos en nuestros corazones algo de la envidia y amargura de Caín y tenemos nuestras manos algo manchadas de sangre. También nosotros, como Caín, hemos asesinado por celos, envidia y amargura.
La oración resulta fácil solamente a los principiantes o a los ya santos. Durante todos esos largos años intermedios, la oración es difícil.
Las leyes matemáticas y físicas han sido siempre una de nuestras mayores constantes. No cambian, son previsibles y fiables, no propensas a extrañas sorpresas. Pero ahora, cada vez más, los científicos se están percatando de que incluso las leyes físicas a veces ofrecen sorpresas inesperadas y muestran una libertad que nos deja perplejos.
La soledad consiste en estar suficientemente dentro de tu propia vida, de forma que puedas experimentar realmente lo que allí se esconde.
Pero eso no es fácil. Es raro que nos encontremos a nosotros mismos dentro del momento actual.
La precipitación es nuestro enemigo. Nos pone bajo tensión, aumenta la presión arterial, nos hace impacientes, nos hace más vulnerables a los accidentes y, lo más grave de todo, nos hace ciegos a las necesidades de los demás.
En un libro maravilloso titulado “La Música del Silencio” David Steindl-Rast destaca cómo cada hora del día tiene su propia luz especial, y su propio y particular estado de ánimo, y cómo estamos más atentos al momento presente cuando reconocemos y honramos a estos " ángeles especiales" que están al acecho dentro de cada momento.
Hace varios años, en una conferencia a la cual asistía, el orador principal desafió a su audiencia de esta manera: Todos -señaló- somos miembros de distintas comunidades: vivimos en familias… En cada una de estas llegará un momento en el que se nos hará daño…
Recientemente apareció en un artículo en el New York Times escrito por Frank Bruni y titulado La Paga del celibato. La columna, aunque es provocadora, es justa. Lo más destacable son las preguntas difíciles y necesarias que el periodista hace.
Hace algunos años, en un taller práctico, una mujer compartió esta historia. Tenía un hijo de seis años de edad, a quien había tratado de instruir concienzudamente en la oración.