Una de las características maravillosas de los niños pequeños es su honestidad emocional. Ellos no esconden sus sentimientos ó sus deseos. No tienen ninguna sutileza.
Una de las características maravillosas de los niños pequeños es su honestidad emocional. Ellos no esconden sus sentimientos ó sus deseos. No tienen ninguna sutileza.
Marilynne Robinson, en su ultimo libro, expresa algunos de sus temores, en especial lo que sucede hoy en día en muchas de las iglesias y dentro de muchos de nosotros, a saber, que las nuevas formas de tribalismo y de miedo han reducido a nuestro maravilloso Dios a una "deidad tribal" y nuestro propio "Baal local.
John Shea, escribió un inquietante poema sobre Juan el Bautista. El poema comienza con el Bautista en la cárcel, al oír el baile por encima de su cabeza y sabiendo que esta a punto de morir decapitado.
En nuestro noviciado, cuando yo era un novicio con los Oblatos de María Inmaculada, nuestro director asistente de noviciado, un hombre sincero, aunque demasiado severo, nos advirtió del peligro de tener demasiada ligereza en nuestras vidas, diciéndonos que no hay ningún hecho registrado en las escrituras de Jesús riéndose.
La verdad por sí sola no es suficiente. Debe estar equilibrada con las otras propiedades trascendentales de Dios: la unidad, la bondad y la belleza.
Como Jesús, nosotros también nos proponemos entregar nuestras vidas en generosidad y en altruismo, sin embargo también tenemos como objetivo dejar este planeta, de tal manera que nuestra disminución y muerte es nuestro final, y quizás el regalo más grande, para el mundo. No hace falta decir que no es fácil.
Casi todos nosotros nos preocupamos del envejecimiento, especialmente de cómo afecta a nuestros cuerpos. Nos preocupamos por las arrugas, las bolsas de los ojos, la grasa de la edad madura y la pérdida de cabello allí donde queremos tenerlo, o por tenerlo donde no lo queremos.
Normalmente, a ninguno de nosotros le gusta sentirse triste, pesaroso o deprimido. Generalmente preferimos la luz del sol a la oscuridad, la jovialidad a la melancolía. Por eso, casi siempre hacemos todo lo que podemos para distraernos de la melancolía, para dejar los pesares y la tristeza acorralados. Tendemos a escaparnos de esos sentimientos que hay en nosotros y nos ponen tristes o nos asustan.
El camino a la unidad entre los cristianos radica en “cavar un pozo juntos”, esto es, en cada uno de nosotros, con nuestra propia tradición, convirtiéndonos más profundamente en el misterio de Dios y en todo que pide de nosotros. Cuando nos movamos más profundamente en el misterio de Dios, nos encontraremos más y más uno, como hermanos y hermanas en la fe.
Nunca se nos puede desafiar demasiado fuertemente a comprometernos con la justicia social. Una clave, no negociable, que reclama venir del mismo Jesús es precisamente el desafío a dedicarse a los pobres, los excluidos, a los que la sociedad estima prescindibles.
Es normal para nosotros ver la gracia y la bendición de Dios en lo que nos une. Sentimos naturalmente la presencia de la gracia en nuestro fundamento, sentimos una fuerte unión moral con otras personas, iglesias y credos. Esto, bíblicamente, es lo que define la familia.