El universo funciona en parejas. Desde los átomos hasta la especie humana, la generatividad se afirma sobre la unión con otro. La felicidad, al parecer, se afirma también sobre eso.
El universo funciona en parejas. Desde los átomos hasta la especie humana, la generatividad se afirma sobre la unión con otro. La felicidad, al parecer, se afirma también sobre eso.
Siempre ha habido una innata y saludable tensión entre teología y catequesis, entre lo que sucede en los departamentos de teología de las universidades y el banco de las iglesias. Teólogos y obispos no siempre son entre sí los mejores amigos. Y eso es comprensible. ¿Por qué?
Después de todo, ¿qué somos, santos o pecadores? ¿Qué es lo más profundo que hay en nuestro interior, la bondad o el egoísmo? ¿O somos dualistas con dos principios innatos dentro de nosotros, uno bueno y otro malo, cada uno en perpetua dualidad con el otro?
Supongo que muchos de nosotros hemos oído textos de una entrevista que el papa Francisco concedió a una serie de publicaciones jesuitas, incluida la revista norteamericana América, donde, entre otras cosas, sugirió la sabia actitud de no insistir constantemente en las cuestiones morales acerca del aborto, el matrimonio homosexual y los anticonceptivos.
Hace varios años, Hollywood produjo una película sobre la famosa ruta del Camino en España. Titulada “The Way” (“El Camino”), cuenta la historia de un padre cuyo hijo fue muerto en un accidente poco después de comenzar esta famosa peregrinación de 500 millas.
¿Creemos que no somos mejores que los demás, aunque muchas veces, en realidad sea sólo una pose, algo que tenemos que afirmar sobre nosotros mismos, sin embargo no resista la prueba completa de la honestidad?
No hay nada como la pura objetividad, una visión que está libre de todo prejuicio. Sin embargo esa es la demanda hecha frecuentemente por los pensadores no-religiosos y seculares en debates sobre valores y programas políticos públicos.
Los budistas tienen un pequeño axioma que explica de nosotros mismos más de lo que nos gustaría. Dicen que puedes entender la mayor parte de lo que está mal en el mundo y dentro de ti mismo por el hecho de mirar una foto de grupo.
Hace poco leí, sucesivamente, tres libros sobre el suicidio, cada uno escrito por una madre que perdió a uno de sus hijos por suicidio. Los tres libros son fuertes, maduros, no dados a falso sentimiento y dignos de leerse…
Hace algunos años, oficié en una boda. Como sacerdote oficiante, fui invitado a la recepción y al baile que siguió al servicio de la iglesia. No conociendo bien a la familia y teniendo otros servicios de iglesia la siguiente mañana, me marché nada más acabar el banquete y los brindis, exactamente cuando el baile estaba para empezar.
Jesús nos enseñó esto, pero sospecho que generalmente no captamos todo el alcance de su significado. Tendemos a tomar las palabras de Jesús en este sentido: ¿De qué le sirve a uno ganar riquezas, fama, placer y gloria, y después muere y va al infierno? ¿De qué sirve la gloria terrena o el placer si perdemos la oportunidad de la vida eterna?