«Di a la comunidad» dice el Señor a Moisés en la primera lectura de este día. Estamos convocados a vivir una experiencia de gracia compartida. Somos discípulos juntos, unidos, en diálogo, desde el encuentro.
«Di a la comunidad» dice el Señor a Moisés en la primera lectura de este día. Estamos convocados a vivir una experiencia de gracia compartida. Somos discípulos juntos, unidos, en diálogo, desde el encuentro.
El texto del profeta Isaías que meditamos hoy nos permite disfrutar la fe. La lluvia fecunda misteriosamente la tierra, así es la Palabra que nunca cae en el vacío. Necesitamos fortalecer la esperanza porque tantas veces puesta en nuestras propias fuerzas, cae con frecuencia en el desconcierto y en el descontento.
Al compás de la liturgia de esta Semana Santa -en aislamiento- y celebrada en comunidad doméstica- hemos ido pasando de una experiencia a otra. Durante estos “Tres Días” últimos hemos pasado del Cenáculo a Getsemaní, de los tribunales al Calvario, del Calvario a la Tumba, con una tremenda confesión: “descendió a los infiernos”. Hoy es el día de Resurrección .
Para finalizar, simplemente reflexionemos leyendo la segunda meta de este objetivo 17. En ella se señala que habría que "’velar porque los países desarrollados cumplan plenamente sus compromisos en relación con la asistencia oficial para el desarrollo..
En este contexto, se vuelve indispensable la maduración de instituciones internacionales más fuertes y eficazmente organizadas, con autoridades designadas equitativamente por acuerdo entre los gobiernos nacionales, y dotadas de poder para sancionar.
En algunos lugares, se están desarrollando cooperativas para la explotación de energías renovables que permiten el autoabastecimiento local e incluso la venta de excedentes.
"La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica. De diversas maneras, los pueblos en vías de desarrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biosfera, siguen alimentando el desarrollo de los países más ricos a costa de su presente y de su futuro.
La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica. De diversas maneras, los pueblos en vías de desarrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biosfera, siguen alimentando el desarrollo de los países más ricos a costa de su presente y de su futuro.
La misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza. Necesitamos una reacción global más responsable, que implica encarar al mismo tiempo la reducción de la contaminación y el desarrollo de los países y regiones pobres.
Para que siga siendo posible dar empleo, es imperioso promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial. Las autoridades tienen el derecho y la responsabilidad de tomar medidas de claro y firme apoyo a los pequeños productores y a la variedad productiva.
"Decimos que «el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social». No obstante, cuando en el ser humano se daña la capacidad de contemplar y de respetar, se crean las condiciones para que el sentido del trabajo se desfigure.