No entendían a Jesús. El Evangelio de hoy parece un diálogo de besugos. Jesús hablando de una cosa, y los oyentes, pensando en otra. Es lo que tiene ser de abajo y ser de arriba. ¿De dónde somos nosotros?
No entendían a Jesús. El Evangelio de hoy parece un diálogo de besugos. Jesús hablando de una cosa, y los oyentes, pensando en otra. Es lo que tiene ser de abajo y ser de arriba. ¿De dónde somos nosotros?
Imagino que, para la mujer, estas palabras serían como un bálsamo para el alma. Al borde de la muerte (y vaya muerte, apedreada), sabiéndose culpable (pillada in fraganti) y sin esperanzas, de repente se ve libre. Sola, delante de un hombre que, sin violencia ni gritos, se ha librado de todos los acusadores.
Hace unos días, en el camino de la Cuaresma, nos salía al paso san José. Hoy, para que no se nos olvide, la Virgen Madre, María. Hace unos meses celebrábamos la Navidad. Hoy se nos recuerda cómo comenzó todo. Todos los siglos están mirando hacia ti; todos escuchan tu voz, temblando en un sí, dice la canción “Estrella y camino”.
El Evangelio de Juan a menudo nos recuerda que no había llegado la hora de Jesús. Hasta que llegó su hora. Aceptada con libertad y plena consciencia. Jesús no tenía miedo, aunque era prudente.
Están de moda los “influencers”. Muchos jóvenes quieren crear tendencia, y ganarse la vida mostrando en las redes su forma de vivir. Lo peor es que muchos (miles) les siguen, imitan y quieren ser como ellos. Y ellos ganan dinero gracias a los seguidores.
Lo dice el mismo Jesús. Ahí queda eso. A nosotros, a los que nos cuesta tanto aceptar lo que nos dicen, que pensamos que no nacimos ayer, y que ya sabemos lo
que hay que hacer. Jesús no hacía más que transmitir lo que había visto hacer al Padre, lo que el Padre le pedía.
Si gustas tu pertenencia a la Iglesia, si te sientes parte de ese resto que ha puesto su confianza en el Señor, y crees en la fuerza de la súplica, si no te avergüenzas de tu identidad cristiana, escucha la Palabra que hoy te dirige la liturgia.
Has sido agraciado con la noticia más transformadora, la que te anuncia que Dios envía a su Hijo para salvación de la humanidad entera, por la acción del Espíritu Santo.
Adviento significa Venida, Llegada. Durante este tiempo litúrgico las Iglesias cristianas se preparan para conmemorar, con el corazón y el espíritu preparado, hacer presente y celebrar con inmensa alegría el nacimiento de Jesús. Dos de las características principales de este tiempo que debemos potenciar son la esperanza y la vigilia.
De los textos que nos ofrece la liturgia de Adviento, quedan en la memoria expresiones y palabras que invitan a despertar y disponer el ánimo, a permanecer vigilantes, atentos, conscientes ante la próxima venida del Señor.
La Liturgia nos sitúa en escenas iniciales de la vida de Jesús. En ello se descubre la pedagogía de despertar la sana memoria del momento en el que fuimos conscientes del paso del Señor por nuestra vida, el día en que sentimos la presencia interior que sació nuestra hambre y sed de sentido.