“Cuando entra la gracia, no hay opción – los humanos deben bailar”. El excelente poeta y ensayista W.H. Auden escribió esas palabras; y suenan tan bien que ojalá fueran verdad.
“Cuando entra la gracia, no hay opción – los humanos deben bailar”. El excelente poeta y ensayista W.H. Auden escribió esas palabras; y suenan tan bien que ojalá fueran verdad.
Vivir una vida casta no es fácil; no sólo para los célibes, sino para todo el mundo. Aun cuando mantengamos nuestras acciones en regla, aun así resulta difícil vivir con un corazón casto, con una actitud casta y con fantasías castas.
En su novela “Final Payments” (Pagos Finales), Mary Gordon expresa una ecuación o equiparación que ha influido durante mucho tiempo en la espiritualidad cristiana, tanto para bien como para mal.
Nos peleamos demasiado sobre el tema de Navidad, discutiendo sobre su significado.Para algunos, Navidad es algo para niños. Para otros, Navidad es todo lo contrario: Insistimos más bien en que la Navidad es una fiesta para adultos…
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
En la encarnación, en Navidad, Dios no entra en el mundo como un super-héroe que llega desplegando un gran poder y que erradica todos los males, de modo que lo único que tenemos que hacer es mirar, observar, gozar del espectáculo y quedarnos satisfechos ya que el mal llevó su merecido.
Somos incapaces de encontrar las palabras que necesitamos para hablar, incapaces de expresarnos correctamente en el amor.
A veces profundidad y sensibilidad están reñidas con creatividad y libertad.
Dios nos creó a su imagen y semejanza, y nosotros nunca hemos cesado de devolver el favor.
Desde Abrahán hasta Jesús vemos cómo las grandes figuras de nuestra fe no suelen decir fácilmente: ‘Hágase tu voluntad’.
¿Por qué marcamos aparte cuarenta días cada año para renunciar de forma voluntaria a algunos goces legítimos, a fin de prepararnos para Pascua?