Pascua se refiere a muchas cosas. Celebramos el poder de Dios para vencer a la muerte, al pecado y a la injusticia, pero también celebramos las voces y heridas de los que murieron en Viernes Santo.
Pascua se refiere a muchas cosas. Celebramos el poder de Dios para vencer a la muerte, al pecado y a la injusticia, pero también celebramos las voces y heridas de los que murieron en Viernes Santo.
Jesús no quiere admiradores, sino seguidores. El Huerto de Getsemaní nos invita, a cada uno de nosotros, a intervenir y a crecer e intensificar nuestra entrega.
En una de sus primeras novelas, James Carroll ofrece esta conmovedora escena: Un joven está en la sala de partos observando cómo su esposa da a luz a su bebé. Es un parto difícil y ella está en peligro de muerte.
Es difícil lograrlo; pero, al fin, es el reto definitivo, a saber, el reto de no odiar a los que se oponen a nosotros, no odiar a nuestros enemigos, seguir mostrando corazón amable y dispuesto al perdón…
Un buen apologeta tiene que convertir el pensamiento profundo en accesible, aunque sin empobrecerlo. Tiene que hacer simples las cosas sin ser simplista.
Nuestras acciones morales todas dejan una huella, y a veces, si ese acto moral equivale a la desintegración del átomo, ese efecto dura para siempre. La muerte de Jesús desintegró el átomo moral.
¿Qué pasaría si todos nosotros fuéramos más coherentes? ¿Y si todos nosotros fomentáramos lealtades más amplias?