Hace ochocientos años, el poeta, Rumí escribió: Lo que quiero es saltar fuera de esta personalidad y después sentarme aparte. He vivido demasiado tiempo en donde puedo estar accesible.
Hace ochocientos años, el poeta, Rumí escribió: Lo que quiero es saltar fuera de esta personalidad y después sentarme aparte. He vivido demasiado tiempo en donde puedo estar accesible.
Misticismo es una palabra exótica. Pocos de nosotros relacionamos el misticismo con la vida ordinaria, especialmente con nuestra propia experiencia. Sin embargo, el misticismo no es extraordinario, anormal, ó extraño, sino una importante experiencia ordinaria que se nos da a todos nosotros.
Cada año celebramos el “día del Padre,” un día en el que se nos invita de expresar la gratitud que deberíamos sentir hacia nuestros propios padres.
Si somos honestos, sabemos que lo que las palabras de San Pablo: “lo bueno que quiero hacer, nunca lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago”, son universalmente verdaderas. Nadie es perfecto, santo de cabo a rabo.
Una amiga dice en tono de broma que cuando se muera quiere este epitafio en su lápida: ¡Siempre hay algo! ¡Y siempre lo hay!
Hay una frase de Leonard Cohen muy citada que sugiere que el lugar donde nos rompemos es también el lugar donde empieza nuestra redención: en todo hay grietas, así es como entra la luz.
¿Cuál es nuestra propia perla de gran valor? ¿Estamos dispuestos a renunciar a todo a cambio de ella?
Algunas veces tenemos que decir cosas, y decirlas de nuevo, y volverlas a decir, hasta que ya no sea necesario repetirlas.
Hoy somos mucho más informales y despreocupados sobre la observancia del Sábado; y por eso somos más pobres, tanto humana como religiosamente.
El pan y el vino son ambiguos, tanto en la vida como en la Eucaristía.
En su novela “Un Mapa de Cristal”, la novelista canadiense Jane Urquhart nos cuenta la historia de una anciana que recuerda cómo, cuando era niña, solía tomar el estetoscopio de su padre doctor para jugar con él. ¿Por qué?