Hay dos grandes motivaciones dentro de nosotros: Una parte de nosotros se dirige hacia lo secular. Lo pagano tiene una realidad y poder tan abrumador que estamos casi indefensos ante su señuelo.
Hay dos grandes motivaciones dentro de nosotros: Una parte de nosotros se dirige hacia lo secular. Lo pagano tiene una realidad y poder tan abrumador que estamos casi indefensos ante su señuelo.
La historia de la Navidad es sin duda una de las más grandes historias jamás contadas. Es la crónica de un nacimiento sobre el cual el mundo reconoce el tiempo como ‘antes de’ ó ‘después de’. Por otra parte, está escrita de tal manera que ha inflamado la imaginación romántica durante 2000 años.
A finales de noviembre de 1982, cuando era un estudiante graduado en Lovaina, Bélgica; empecé a escribir esta columna. ¡De eso hace ya treinta años!
En una conferencia reciente, enfaticé cómo Jesús conmocionó a la gente de igual manera tanto en su capacidad de disfrutar a fondo su vida, como en su capacidad para renunciar a ella y entregarla.
Muchos son los esposos en el matrimonio, muchos son los hijos en la familia, muchos son los amigos, y muchas son las iglesias los que desearían que alguien a quien aman y de quien necesitan más atención, estuviera menos ocupado.
Hace algunos años, una amiga mía estaba enfrentándose con el nacimiento de su primer hijo. Aunque estaba contenta porque estaba a punto de ser madre me confesó abiertamente sus temores acerca del proceso real de nacimiento, el dolor, el peligro, lo desconocido.
Pocas personas practican todavía los viejos ritos, y el corazón está como ausente, fuera de ellos.
El poder de Navidad es como el poder de un bebé, te desarma de tal manera que finalmente te abruma y te arrolla.
Lo que los evangelios subrayan en el nacimiento de Jesús arroja luz sobre la historia cristiana subsiguiente y sobre nuestras propias vidas.
Hacer las paces con el terrorismo, como estamos dolorosamente aprendiendo, requerirá más que armas de fuego y poder militar.
En el centro de nuestra experiencia vital encontramos una enfermedad incurable: un desasosiego, una inquietud, una soledad, un anhelo, una ansiedad, un deseo, un sufrimiento por algo que nunca podemos identificar del todo.