La precipitación es nuestro enemigo. Nos pone bajo tensión, aumenta la presión arterial, nos hace impacientes, nos hace más vulnerables a los accidentes y, lo más grave de todo, nos hace ciegos a las necesidades de los demás.
La precipitación es nuestro enemigo. Nos pone bajo tensión, aumenta la presión arterial, nos hace impacientes, nos hace más vulnerables a los accidentes y, lo más grave de todo, nos hace ciegos a las necesidades de los demás.
En un libro maravilloso titulado “La Música del Silencio” David Steindl-Rast destaca cómo cada hora del día tiene su propia luz especial, y su propio y particular estado de ánimo, y cómo estamos más atentos al momento presente cuando reconocemos y honramos a estos " ángeles especiales" que están al acecho dentro de cada momento.
Hace varios años, en una conferencia a la cual asistía, el orador principal desafió a su audiencia de esta manera: Todos -señaló- somos miembros de distintas comunidades: vivimos en familias… En cada una de estas llegará un momento en el que se nos hará daño…
Recientemente apareció en un artículo en el New York Times escrito por Frank Bruni y titulado La Paga del celibato. La columna, aunque es provocadora, es justa. Lo más destacable son las preguntas difíciles y necesarias que el periodista hace.
Hace algunos años, en un taller práctico, una mujer compartió esta historia. Tenía un hijo de seis años de edad, a quien había tratado de instruir concienzudamente en la oración.
Hace veinticinco años, escribí una columna titulada Directrices para un largo recorrido. Reconsiderándolas recientemente, me sentí reconfortado porque mis principios no han cambiado en el último cuarto de siglo, sólo han adquirido más matices.
‘Siento gran lealtad tanto a Cristo como a Mahoma, primero necesitamos la disciplina de Alá, después la libertad de Jesús’.
El camino es estrecho y difícil. Y no hay atajos.
El derecho a la propiedad privada y a la riqueza privada está mitigado por un gran número de principios morales.
Tanto la religión como el mundo lidian con el sexo, sólo que de manera diferente. Todos se esfuerzan y luchan.
Las puertas del infierno estaban cerradas y solamente Jesús podría abrirlas por medio de su muerte.