En agosto ofrecemos cada semana un comentario realizado mientras se disfruta de las vacaciones y en referencia a ellas.
En agosto ofrecemos cada semana un comentario realizado mientras se disfruta de las vacaciones y en referencia a ellas.
En su libro El Secreto, Rene Fumoleau tiene un poema titulado Pecados. Fumoleau, un sacerdote misionero que estaba con el pueblo Dene en el norte de Canadá, pidió una vez a un grupo de ancianos que dijeran lo que ellos consideraban el peor pecado de todos.
Los seglares que comentan el Evangelio cada domingo, se toman un descanso. En agosto ofrecemos cada semana un comentario realizado mientras se disfruta de las vacaciones y en referencia a ellas.
Es normal sentirse inquieto siendo niño, solitario siendo adolescente, y frustrado por falta de intimidad siendo adulto; después de todo, vivimos con insaciables deseos de todo tipo, ninguno de los cuales encontrará nunca pleno cumplimiento en esta vida.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Los monjes tienen secretos dignos de ser conocidos, y estos pueden ser inapreciables cuando una pandemia de coronavirus está obligando a millones de nosotros a vivir como monjes.
En la fiesta de la Transfiguración de 1923, Pierre Teilhard de Chardín se encontraba al amanecer en la soledad del desierto de Ordos en China, contemplaba cómo el sol iluminada con su luz naranja y roja el horizonte. Se sintió profundamente tocado humana y religiosamente.
Cuanto más cambian las cosas, más permanecen igual. Este axioma tiene algo de verdad aplicado nuestra comprensión del suicidio. A pesar de todos los avances en la comprensión del suicidio, todavía hay toda una gran cantidad de estigmas en torno al suicida, uno de los cuales se relaciona con el cómo escribimos el obituario de un ser querido que muere de esta manera.
“A falta del celo espiritual y de la sublime pureza de tus santos, me has dado, Dios mío, una simpatía irresistible por todo lo que se mueve en la materia oscura. Me reconozco al punto como un hijo de la tierra más que como un vástago del cielo”
Todos vivimos con heridas, malos hábitos, adicciones y defectos temperamentales que están tan profundamente y largamente arraigados que pudiera parecer que son parte de nuestra marca genética. Y así tendemos a vivirlos con una especie de desesperación tranquila en términos de estar algún día curados de ellos.
Hoy ya no entendemos el valor y el poder del ritual. Eso es más que una pérdida individual. Es el aire cultural que respiramos. En palabras de Robert L. Moore, hemos andado ritualmente “duros de oído”. Los efectos de esto se pueden ver por todas partes.