El 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís, el papa Francisco publicó una nueva encíclica titulada Fratelli tutti-Hermanos todos. Sobre la fraternidad y amistad social.
El 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís, el papa Francisco publicó una nueva encíclica titulada Fratelli tutti-Hermanos todos. Sobre la fraternidad y amistad social.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Una misma talla de ropa no sienta bien a todos. Esto no sólo vale para la ropa, vale también para la espiritualidad. Nuestros desafíos de la vida cambian conforme crecemos. La espiritualidad no siempre ha sido del todo sensible a esto.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Tendemos a ser ingenuos en lo referente al mal, al menos en lo que aprendemos al ver en la vida diaria. Nuestra estampa del mal ha sido formada falsamente por imágenes tomadas de la mitología, cultos religiosos, y libros y películas que retratan el mal como personificado en siniestras fuerzas espirituales.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Sospecho que nunca una generación en la historia ha experimentado tanto cambio como el que nosotros hemos experimentado en los últimos sesenta años. Ese cambio es no sólo en las áreas de la ciencia, la tecnología, la medicina, los viajes y las comunicaciones; es sobre todo en el área de nuestra infraestructura social, de nuestros comunales códigos de valores.
Hace algunos años, fui demandado por un obispo en relación a un artículo que yo había escrito. Estábamos conversando en su oficina, y el tono alcanzó de momento cierta tensión: “¿Cómo puede Vd. escribir algo semejante?”, preguntó. “Porque es verdad”, fue mi brusca respuesta.
Cuando al principio empecé a enseñar teología, soñaba con escribir un libro sobre la ocultación de Dios. ¿Por qué Dios permanece escondido e invisible? ¿Por qué Dios no se muestra sencillamente de un modo que nadie pueda cuestionar?
Este no un es buen tiempo para ser musulmán en el mundo occidental. Mientras la violencia perpetrada por grupos islámicos radicales tales como ISIS, Al Qaeda y Boko Haram viene a ser más y más prevalente, un inmenso número de gente se está volviendo paranoide a propósito de esto e incluso abiertamente hostil hacia la religión del Islam, viendo a todos los musulmanes como una amenaza.
Todos nosotros tenemos nuestras propias imágenes de grandeza en cuanto éstas atañen a la virtud y santidad. Por ejemplo, pintamos a san Francisco de Asís besando a un leproso; o a Madre Teresa acariciando públicamente a un mendigo agonizante; o a Juan Pablo II de pie ante una multitud de millones de personas a quienes dice cuánto las quiere; o Teresa de Lisieux diciendo a una compañera de comunidad que ha sido deliberadamente cruel con ella, cuánto la ama; o incluso la Verónica, icono de la escena de la pasión, que en medio de todo el temor y la brutalidad del camino de la cruz se abalanza a enjugar el rostro de Jesús.