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El imperialismo del alma humana

El imperialismo del alma humana

En su autobiografía, Nikos Kazantzakis cuenta cómo en su juventud fue estimulado por una inquietud que lo tuvo buscando algo que él nunca pudo definir totalmente. No obstante, hizo las paces con su falta de paz porque aceptó que, dada la naturaleza del alma, se daba por hecho que sentiría esa inquietud y que un alma sana es un alma estimulada.

Una oración honrada

Una oración honrada

Recientemente recibí una carta de una mujer cuya vida, en realidad, había estallado. En el transcurso de unos pocos meses, su esposo se divorció, ella perdió su trabajo, se vio obligada a mudarse de la casa en la que había vivido durante muchos años, estuvo confinada en su nuevo lugar por las restricciones del Covid y se le diagnosticó un cáncer que podría ser intratable.

El triunfo del bien sobre el mal

El triunfo del bien sobre el mal

Un compañero desafió una vez a Pierre Teilhard de Chardin con esta pregunta: “Tú crees que, al fin, el bien triunfará sobre el mal. Bien, ¿y qué sucederá si hacemos volar el mundo con una bomba atómica, qué será entonces de la bondad?”

Suicidio y salud mental

Suicidio y salud mental

Cuando era un muchacho soñaba con ser un atleta profesional, pero pronto tuve que aceptar el hecho de que no fui agraciado con el cuerpo de un atleta. Velocidad, fuerza, coordinación, instinto, visión, con las que tuve que arreglármelas en la vida ordinaria que se me había dado de esto, pero no era lo suficientemente fuerte físicamente como para ser un atleta.

Ángeles con hoces y la cólera de Dios

Ángeles con hoces y la cólera de Dios

Hay un impactante texto en el Libro del Apocalipsis donde la imagen poética que se usa, a pesar de toda su belleza, puede despistar peligrosamente. El autor  escribe allí: “Así que el ángel metió su hoz sobre la tierra y la tierra quedó segada. Echó las uvas en el gran lagar de la cólera de Dios”.  ¡Un fiero ángel purificando el mundo! ¡Dios en ardiente ira! ¿Cómo se debe entender eso?

Nuestra inseguridad más honda

Nuestra inseguridad más honda

¿Por qué no somos más felices? ¿Por qué estamos atrapados por frustraciones, tensiones, iras y resentimientos?

¡Nosotros primero!

¡Nosotros primero!

“Yo soy ciudadano, no de Atenas ni de Grecia, sino del mundo”. Sócrates escribió esas palabras hace más de veinticuatro siglos.  Hoy más que nunca éstas son palabras que necesitaríamos apropiarnos porque, más y más, nuestro mundo y nosotros mismos estamos sumergiéndonos en formas perjudiciales de tribalismo donde nos importa en primer lugar tener cuidado de nosotros mismos.

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