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Cuando nuestro mundo está desmoronándose

Cuando nuestro mundo está desmoronándose

Los primeros años de mi edad adulta y sacerdocio los pasé enseñando teología en el Newman Theological College en Edmonton, Canadá. Era joven, lleno de energía, me gustaba la enseñanza y estaba descubriendo las alegrías del ministerio. Por lo general, estos fueron buenos años.

Pornografía y castidad

Pornografía y castidad

La pornografía es la mayor adicción que hoy tenemos en el mundo, y por un amplio margen Mayormente afecta a los hombres, pero es también una adicción creciente entre las mujeres. Mucho de esto, por supuesto, se maneja por su fácil y libre disponibilidad en internet.

Haciendo el amor con lo divino

Haciendo el amor con lo divino

Yo siempre he enseñado que hay cuatro principios no negociables para el discipulado cristiano: la fidelidad moral en nuestras vidas privadas, un compromiso con la justicia social, cierta implicación en la comunidad cristiana y un corazón tierno y bondadoso. Hacemos el amor con lo divino al vivir estos valores en nuestras vidas.

Nuestro sobrecargado planeta

Nuestro sobrecargado planeta

Crear la raza humana puede que sea el error más grande que la evolución cometió. Douglas Abrams escribe esto en The book of hope (“El libro de la esperanza”), un libro del que es coautor con Jane Goodall. Aun cuando esa es una visión más bien desesperante, al fin, este libro es un  libro de esperanza, aun no sin lanzar un aviso espantoso…

Enamorarse

Enamorarse

¡Enamorarse! Usamos esta expresión para referirnos a muchas cosas: Te puedes enamorar de un bebé, de un equipo deportivo, de una ciudad, de un trabajo o de otra persona. Con todo, reservamos el primer analogado de esta expresión para una cosa: el enamoramiento emocional, ese sentimiento embriagador que percibimos por primera vez cuando nos encontramos con alguien a quien sentimos como un alma gemela.

Mañana y mañana

Mañana y mañana

En su libro Confesiones, san Agustín describe cómo su conversión al Cristianismo comprometió dos diferentes momentos de gracia; el primero, que le persuadió intelectualmente de que el Cristianismo era lo correcto, y el segundo, que lo habilitó para vivir lo que creía.