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Nuestra lucha por la celebración adecuada

Nuestra lucha por la celebración adecuada

No sabemos celebrar las cosas como deben ser celebradas. Queremos hacerlo, pero por lo común no sabemos cómo. Generalmente lo celebramos mal. ¿Cómo lo celebramos de ordinario? Exagerando las cosas; realizando muchas de las cosas que hacemos ordinariamente: bebiendo, comiendo, conversando, cantando y divirtiendo, y llevando esto a la exageración.

Lecciones a causa del fracaso

Lecciones a causa del fracaso

¿Qué hay que aprender de nuestro fracaso, de ser humillados a causa de nuestras propias culpas? Generalmente, esa es la única manera como crecemos. Al ser humillados por nuestras propias insuficiencias, aprendemos esas lecciones de la vida a las que somos sordos nos cuando pavoneamos llenos de seguridad y orgullo.

Relaciones inacabadas

Relaciones inacabadas

Un compañero mío, terapeuta clínico, me cuenta esta historia: Una mujer acudió a él con una considerable angustia. Su esposo había muerto recientemente de un ataque de corazón. Su muerte había sido repentina y en un momento muy inoportuno. Habían estado felizmente casados durante treinta años y, durante todos esos años, nunca habían tenido una considerable crisis en su relación.

Luchando dentro de nuestra propia piel

Luchando dentro de nuestra propia piel

He sido a la vez bendecido y maldecido por una inquietud congénita que no siempre me ha hecho fácil la vida.  Me acuerdo siendo niño correteando incansablemente por la casa, el patio, y después por lo abiertos campos de la finca de mi familia, en las praderas.

Una derrota honrosa

Una derrota honrosa

 En 1970, la afamada escritora británica Iris Murdoch escribió una novela titulada A Fairly Honorable Defeat (Una derrota bastante honrosa). La novela tenía numerosos personajes, buenos y malos, pero al fin tomó su título de las peripecias de uno de ellos, Tallis Browne, que representa todo lo que es decente, altruista y moral entre los diferentes personajes. 

Invitación a la madurez – Llorando sobre Jerusalén

Invitación a la madurez – Llorando sobre Jerusalén

La madurez tiene varios niveles. La madurez básica se define como haber superado esencialmente el egoísmo instintivo con el que nacimos, de modo que nuestra motivación y acciones sean ahora determinadas por las necesidades de los demás y no sólo por las propias nuestras.

¿Puede la tierra gritar?

¿Puede la tierra gritar?

¿La tierra siente dolor? ¿Puede gemir y gritar a Dios? ¿Puede la tierra maldecirnos por nuestros crímenes? Parecería que sí, y no sólo porque lo dicen los ecologistas, los moralistas y el Papa Francisco. La misma Escritura parece decirlo.