LLAMADOS A AMARÂ (1 Jn 3,13-21; Jn 1,43-51)
IntroducciĂłn
Hoy oiremos en el evangelio cĂłmo JesĂșs llama a varios apĂłstoles: âÂĄVen, sĂgueme!â, dice Ă©l, y ellos le siguen. Le reconocen como a su Salvador, el Hijo de Dios. De ahora en adelante no solamente tendrĂĄn que aceptar su palabra, sino tambiĂ©n vivir como Ă©l vive.
Por eso, la Primera Lectura, tomada de la primera carta de San Juan, encaja perfectamente con el evangelio: la vida del cristiano debe estar marcada por el amor, ya que JesĂșs entregĂł su vida por nosotros por amor. El amor no es una teorĂa o mero sentimiento, sino una experiencia de serio compromiso y entrega.
OraciĂłn Colecta
Señor Dios nuestro:
Cuando no sabemos qué hacer o cómo vivir,
tĂș nos remites al ejemplo vivo de JesĂșs, tu Hijo.
AyĂșdanos a aprender de Ă©l quĂ© significa amar,
no solo en teorĂa, sino sobre todo en la prĂĄctica,
Danos el valor de seguirle
abriendo, con él y como él, nuestros corazones
a nuestros hermanos y hermanas
y entregĂĄndonos a ellos en la vida y en la muerte,
por la fuerza del mismo Jesucristo,
tu Hijo y Señor nuestro, que vive y reina
por los siglos de los siglos.
Intenciones
– Señor, tĂș nos has visto en nuestras luchas, en nuestros intentos tenaces por seguirte. GuĂĄrdanos en tu amor, te rogamos.
– Señor, tĂș has visto cĂłmo con frecuencia somos ciegos a las necesidades de los pobres y los oprimidos. Abre nuestros ojos y nuestros corazones, te rogamos.
– Señor, tĂș sabes cĂłmo con frecuencia tenemos en nuestros labios palabras de amor. AyĂșdanos a hacerlas de verdad una realidad por medio de nuestras obras, te rogamos.
OraciĂłn sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre amoroso:
TĂș compartes con nosotros estos dones de pan y vino
y en ellos nos vas a dar, en la eucaristĂa,
a tu mismo Hijo Jesucristo.
Que aprendamos de ti y de tu Hijo
a compartir con nuestros hermanos necesitados
todo lo que somos y lo que tenemos,
con la donaciĂłn de nosotros mismos.
Que nuestro amor no sea sĂłlo palabras vacĂas,
sino algo real, activo y eficaz,
por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro, Padre amoroso:
En esta celebraciĂłn eucarĂstica
hemos encontrado a tu Hijo
como nuestro Señor y Salvador.
Ăl nos ha mirado -como a los apĂłstoles del evangelio-
y con todo cariño nos ama.
Danos la gracia de vivir en conformidad con nuestra fe,
que no nos sintamos decepcionados,
sino que sigamos a tu Hijo
por el camino de un amor que se da a sĂ mismo,
porque él es nuestro Señor y nuestro modelo
por los siglos de los siglos.
BendiciĂłn
Hermanos: El señor nos ve dĂłnde estamos y cĂłmo estamos. La mayorĂa de nosotros somos personas llenas de buena voluntad, pero llenas tambiĂ©n de serias limitaciones. Ăl nos ve, no para vigilarnos como un policĂa -y menos para castigarnos-, sino para amarnos y animarnos como un Padre.
Que la bendiciĂłn de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y EspĂritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.