Comentario al Evangelio del Jueves 17 de Abril de 2025
Misa de la Cena del Señor

Pero en el Jueves Santo quizá la palabra más importante sea “Cordero”. El cordero que toma el lugar del hijo de Abrahán para el sacrificio. El Cordero del Éxodo, cuya sangre era protección de los creyentes. El Cordero envuelto en pañales del Nacimiento. El Cordero que quita el pecado, que reconoció Juan y que aclamamos en toda Eucaristía, y a quien pedimos piedad. El Cordero con cuya sangre somos lavados y sanados. El Cordero del Apocalipsis, en cuya sangre son blanqueadas las túnicas del Bautismo. (Habiendo pasado por la gran tribulación, claro). Es el Cordero de nuestra salvación que se nos ofrece en la Eucaristía de manera admirable y sorprendente. Es el Cordero que, en breves horas será “llevado al matadero”. El Salvador y Rey del mundo. “El Cordero redime al rebaño”, dice un subtítulo del libro Verán al que traspasaron, de Joseph Ratzinger.
En cada Eucaristía se reza o se canta el “Agnus Dei”. Estremece decir, “que quitas el pecado del mundo” cuando vivimos inmersos en un mundo de pecado y horror. Pero lo decimos en fe… o quizá tendríamos que añadir, “aumenta nuestra fe”, porque parece tan difícil. Danos la paz… más difícil todavía en estos momentos. Y también lo decimos con fe, pidiendo quizá, que esa paz, esa fe, esa eliminación de pecado penetre primero en nuestro propio interior. Y es esto, precisamente, lo que luego empuja, llama y obliga al servicio. Seguir al Cordero, llevar al Cordero, vivir de ese Cuerpo y Sangre. Ser, como rebaño, salvados por el Cordero.
Cármen Aguinaco

