Comentario al Evangelio del 9 de junio de 2026

Fecha

09 Jun 2026

Queridos hermanos:

En el antiguo pueblo elegido Dios había establecido mediaciones, guías, “jefes religiosos”, cuyo cometido era ayudar a sus hermanos a vivir en fidelidad a la alianza. Pero Jesús recrimina repetidas veces a estos guías espirituales del judaísmo el no haber sabido cumplir con su papel: “ay de vosotros maestros de la ley, que os habéis llevado la llave del saber; ni entráis vosotros ni dejáis entrar a los que querrían” (Lc 11,52). Alguna vez llama a los escribas y fariseos “guías ciegos” (Mt 23,16). Y la narración evangélica  misma lo demuestra con alguna escena: cuando Pilatos está dispuesto a liberar a Jesús, son los jefes religiosos los que “azuzan a la multitud para que pida su muerte” (Mt 27,26).

Según este panorama, el NT recrimina a los guías religiosos, que tal vez se han aprovechado de sus “puestos de mando” pero no han apacentado al rebaño encomendado; han sido más bien como aquellos pastores de que hablaba Ezequiel, que en vez de alimentar al rebaño se alimentaban a sí mismos (Ez 34,3). Quizá Jesús lamentó lo mismo en la conocida alegoría del Buen Pastor: “todos los que han venido antes que yo eran ladrones y salteadores” (Jn 10,8).

Muchos especialistas consideran que las pequeñas comparaciones del evangelio de hoy con la luz y la sal son en su origen puras reprimendas: los líderes religiosos debieran haber sido sal y luz; pero no han cumplido con su papel. Hoy, en los tiempos de la moral ecológica, se diría que debieran haber creado una atmósfera religiosa más respirable, con nuevo resplandor y nuevo sabor; si no lo hacen, se vuelve despreciables, dignos de ser pisoteados. En realidad, la advertencia es válida para cada creyente: ¿eres sal? ¿eres luz? Es muy dura la recriminación del filósofo Nietzsche a los cristianos: “para que yo creyera en su redentor, debieran tener ellos más aspecto de redimidos”.

Parece que los primeros cristianos interpretaron muy pronto las expresiones correctivas de Jesús en sentido positivo: percibieron en ellas una llamada directa a ser luz y sal. Ya S. Pablo, en su primer escrito, llama a los cristianos “hijos de la luz”, no de las tinieblas (1Tes 5,5). Y, más tarde, exhorta a los filipenses a acoger la acción de Dios sobre ellos y a continuar siendo “hijos de Dios sin tacha” en medio de una generación torcida y depravada, “en la cual brilláis como lumbreras en medio del mundo” (Flp 2,15).

Ha habido y hay mucha luz en nuestro mundo. Muchos cristianos han practicado comportamientos heroicos, frecuentemente sin la menor pretensión de aplauso; quizá justamente por eso han brillado o brillan más. Tengamos los ojos abiertos para con esa irradiación, “contemplemos tanta buena obra, y por ella demos gloria a nuestro Padre celestial” (Mt 5,16).

Vuestro hermano

Severiano Blanco cmf