Comentario al Evangelio del 9 de julio de 2026
La cercanía del reino
Jesús oró al señor de la mies que enviara trabajadores a su mies. Y esa oración fue escuchada, puesto que inmediatamente después envió a los apóstoles. Ya decíamos ayer que esa misión no es sino el acto de justicia de transmitir a los demás lo que hemos recibido de Dios. Pero llama la atención la parquedad del contenido del mensaje: la cercanía del reino de Dios. En cambio, Jesús insiste y pone el énfasis en las actitudes que han de asumir los enviados, y en las acciones que deben realizar. De este modo, recuerda que no se trata de una misión de propaganda o de conquista. Se trata de hacer visible de modo práctico el amor entrañable de Dios que con tanta pasión supo expresar el profeta Oseas. Un amor entrañable es un amor materno, que va más allá de la estricta justicia y se deja llevar por la sobreabundancia del corazón. Por eso es tan importante dar prioridad a las actitudes y las acciones que a las palabras (al discurso, el “relato” como gusta de decirse hoy). Y es que el contenido, la cercanía del reino, no es otro que la misma persona de Jesús, que viene y al que los discípulos abren camino: la misión de los apóstoles, como la misión de la Iglesia hoy, debe ser una preparación para el encuentro personal con Jesús, que es, como decía la mujer samaritana, el que nos los enseñará todo (cf. Jn 4, 25).
Ahora bien, el amor entrañable de Dios, la positividad del mensaje y su expresión en las acciones curativas, liberadoras y dadoras de vida con que los discípulos preparan el encuentro con Cristo no le quita un ápice de seriedad: rechazar el anuncio significa rechazar a Cristo, y rechazarlo a él no es rechazar una doctrina más o menos opinable, sino la salvación que Jesús ha venido a traernos, al mismo Dios que nos salva. Y esto es una seria advertencia no solo para los receptores del mensaje, sino también para sus portadores, que si no reflejan coherentemente en su vida el Evangelio que anuncian, pueden dificultar y hasta impedir su acogida.
Saludos cordiales
José María Vegas CMF