Comentario al Evangelio del 8 de octubre de 2026

Fecha

08 Oct 2026

La sabiduría de lo absurdo

Es muy fácil ceder a la tentación de lo que parece más fácil. Pero también es total necedad. A ningún atleta se le ocurriría sentarse a mirar cómo pasa la carrera porque, al fin y al cabo, su equipo le va a pagar (aunque sea menos). A los políticos se les puede ocurrir, ciertamente, empezar por el bien del pueblo y terminar por el bien del propio bolsillo. Pero en el fondo, se conoce el sabor amargo del fracaso y la mentira. No puede haber ahí felicidad. Pablo se lo dice a los gálatas: ¿tan necios sois, que, habiendo comenzado por espíritu, acabáis por carne? ¿Os vais a conformar con un premio pasajero, prácticamente inútil y fracasado?

El evangelio insiste con comparaciones exageradas y aparentemente absurdas. ¿Daría un padre una piedra en lugar de pan? Claro, una piedra se puede conseguir a la puerta de casa; para el pan hay que esforzarse… Lo que puede resultar más fácil acaba siendo absurdo y, ciertamente, no lo mejor que puede dar alguien. ¿Tan necios sois? La reducción al absurdo puede ser un argumento potente. Es más fácil ceder a los caprichos de los hijos que darles la disciplina, el control y el orden que necesitarían y que es mejor a largo plazo y más beneficioso para su crecimiento.

Como Dios no es absurdo, nos dice Jesús, siempre da lo mejor. Pero somos nosotros quienes a veces somos absurdos. Pedimos la piedra y la llamamos pan y cuando recibimos lo que de verdad necesitábamos, nos parece que nuestra oración no ha sido escuchada. Una dificultad en el trabajo, un fracaso en una relación, una preocupación por un ser querido quizá no se resuelva como habríamos deseado, pero, si sabemos mirar más dentro, podemos ver la gracia del don mejor que se nos ha dado; el crecimiento en fortaleza, el impulso a servir, la luz de nuestro propio camino, la resurrección que está del otro lado de esta muerte. Lo contrario es la necedad de los gálatas, o el absurdo de llamar pescado a una serpiente, o huevo a un escorpión. Nadie como nuestro Padre sabe lo que necesitamos y lo que es bueno para nosotros.

Cármen Fernández Aguinaco

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