Comentario al Evangelio del 8 de agosto de 2026
Vamos a ser sinceros. Eso de mover las montañas con la fe es totalmente inútil. No tiene ningún interés. La fe no sirve para eso. No tiene sentido. Debe ser una exageración de Jesús. Hay muchas cosas que directamente no podemos hacer. Ni se las podemos pedir a Dios. Porque no tiene sentido que Dios intervenga para hacerlas. Se trata básicamente de aceptar nuestras limitaciones humanas.
Este texto evangélico me ha hecho pensar en un amigo mío. Me comentó una vez que él y un grupo de matrimonios conocidos habían estado rezando muy insistentemente cuando descubrieron que una mujer del grupo tenía un cáncer. Habían pedido por su curación. Pero mi amigo se sentía un poco desanimado porque sus oraciones no habían obtenido respuesta.
Entiendo que la oración no es un último recurso cuando las cosas no nos van bien en la vida por la razón que sea. No vale para aprobar exámenes ni para encontrar trabajo ni para tantos otros problemas y dilemas que nos encontramos en la vida. Más vale que estudiemos y nos preparemos bien. Y que sepamos aceptar los procesos naturales. Nuestra vida es finita y la muerte siempre nos espera a la vuelta de la esquina. Si Dios hubiese respondido a las oraciones de aquel grupo, lo más que hubiesen conseguido habría sido un aplazamiento.
Pero estoy seguro de que la fe con la que oraron tuvo un efecto del que quizá no se dieron cuenta pero que igual fue más importante que la curación que pedían con tanta insistencia. Aquella mujer terminó falleciendo, sin duda. Pero lo hizo acompañada, atendida, apoyada, amada en esos momentos tan difíciles en que se tuvo que enfrentar a la enfermedad. Porque entiendo que los que oraron no se contentaron con ir a la iglesia a rezar. Estuvieron al lado de aquella familia en su sufrimiento. No les dejaron solos. Esa fe y esa oración no trajeron la curación física, pero llevaron a los corazones de aquella familia sufriente otra sanación más importante.
Vamos a echar fe a nuestra vida pero no para pedir cosas inútiles sino para construir fraternidad y reino, para dar esperanza y vida de la de verdad.
Fernando Torres