Comentario al Evangelio del 8 de abril de 2026
Tengo un amigo evangélico -es quien reparte los pedidos del supermercado cercano- que me da muchas vueltas en conocimiento de la Biblia. Puede que tenga un buen maestro o puede que él mismo escudriñe los libros para encontrar el detalle escondido (a veces tan a la vista que no lo vemos) y buscar su significado. Pone pasión en lo que investiga y aprende.
Y cada vez que hablo con él, pienso en los discípulos a quienes Jesús instruyó durante aquel paseo hasta Emaus. El texto dice que empezando por Moisés y los profetas Jesús fue revelando cuanto en las Escrituras se refería a Él.
Algunos textos proféticos se ajustan tanto, hasta el detalle, a lo que vivió Jesús, que hay que admitir en ellos algo extraordinario que con nadie mas se ha dado en la historia. En algunas civilizaciones o culturas existen anuncios proféticos, intuiciones o mitos acerca de dioses o reyes. El caso de la Biblia es único por la abundancia y la precisión con que en el Antiguo Testamento se describe lo referido a Jesús
En los Salmos es Cristo mismo quien habla. Cuando el salmista clama desde el dolor, se revela como la voz de Jesús en la cruz o en el Huerto de Getsemaní. En la alabaza, Jesús, aunque sin pecado, carga con las culpas de la humanidad y las presenta ante Dios…
El camino de los de Emaus con el Maestro Resucitado es un modelo de Catequesis. De alguna manera lo recorremos una y otra vez muchos bautizados. Es un camino de aprendizaje, de conocimiento y de reconocimiento gozoso al partir el pan.
Un relato muy hermoso que invita a entrar en el Misterio más sobrecogedor: la presencia de Dios en el pan y el vino, renovando en todo tiempo y en todo lugar el sacrificio redentor de Cristo en la Cruz. Quédate con nosotros, la tarde está cayendo… Limpia en lo más hondo del corazón del hombre tu imagen empañada por la culpa.
Virginia Fernández Aguinaco

