Comentario al Evangelio del 7 de octubre de 2026
Cumplir la penitencia
A veces he oído a personas después de confesar: “Sólo me ha dado un Padrenuestro de penitencia”. Parece muy poca cosa. Y sin embargo, es una penitencia perfecta. Jesús les dice a sus discípulos: Cuando oréis, decid, Padrenuestro… Y con eso, ¿Ya está conseguido el perdón y la salvación?
El asunto es que rezar el Padrenuestro consciente y sinceramente, compromete tremendamente y cambia la vida. Santificar el Nombre del Señor es reconocer el señorío de Cristo que se vació a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte… Y eso mismo es lo que se pide a sus seguidores, que no pueden ser mayores que su maestro.
Pedir que venga el Reino es anhelar y trabajar por la justicia, la paz y la vida que es el reinado de Dios. Que se haga su voluntad significa aceptar con la misma alegría y decisión lo que trae la vida y seguir escuchando para ver el camino, que no es siempre fácil. Que se nos dé el pan de cada día supone un abandono en la Providencia y un reconocimiento de que dependemos totalmente de Él y no de nuestras propias fuerzas. El buscar el perdón y extender el perdón exige una humildad y claridad fuertísimas y también pide una generosidad que reconoce cuánto hemos sido perdonados para así poder extender el perdón. Pedir no caer en la tentación y ser librados del mal es caminar vigilantes y de la mano de Dios.
Es todo un programa de vida. Ciertamente, no es una penitencia fácil.
Hoy celebramos también la memoria de Nuestra Señora del Rosario, auxilio de los cristianos en todos sus “lepantos” diarios. El ritmo de la oración “ruega por nosotros”, da fuerza y apoyo para todo momento del día. Es poner las exigencias que vienen de rezar bien el Padrenuestro en manos de la suave y misericordiosa Madre. Es muy bueno y obligatorio cumplir la penitencia. Pero no es “poca cosa”.
Cármen Fernández Aguinaco