Comentario al Evangelio del 7 de julio de 2026

Fecha

07 Jul 2026

Se buscan trabajadores para la mies

La lucha contra la idolatría es un rasgo central de la religiosidad de Israel. Hoy les puede parecer a muchos un signo de intolerancia. Pero, en realidad, es una defensa de la verdad de Dios, de la que depende la verdad y el bien del ser humano. Cuando hacemos dioses a realidades de nuestro mundo, iguales o inferiores al propio ser humano, perdemos el sentido de la verdad, del bien y del mal, y nos hacemos daño a nosotros mismos. El hecho de que Israel, como vemos en la denuncia de Oseas, esté continuamente inclinado a la idolatría, indica que esta inclinación es universal, permanente, casi consustancial a la humanidad de todos los tiempos. Por eso, esa denuncia sigue siendo actual y también nosotros debemos examinar con cuidado cuáles son los ídolos contemporáneos, no siempre revestidos de religiosidad, que nos extravían del Dios verdadero y de nosotros mismos. No es Dios el que castiga la idolatría, sino que, como se dice para otras situaciones, y en este caso con tanto mayor motivo, “en el pecado está la penitencia”.

La superación de toda idolatría se da en Jesús, que nos muestra el verdadero rostro de Dios Padre, nos libera de nuestros demonios y nos enseña el profundo humanismo de la fe en el Dios de Israel, que es el Dios y el Padre de todos. Pero su presencia humana, que desafía nuestra fe, encierra un peligro tan grande, si no mayor, que el de la idolatría. Si ésta significa adorar a Dios en lo que son solo sus criaturas, este otro peligro, más radical, consiste en atribuir carácter diabólico a la acción de Dios. Si la idolatría es un fe errada, la acusación de los fariseos contra Jesús es no sólo una falta de fe sino una verdadera mala fe, que considera imposible su acción liberadora en la concreción de nuestra vida. Pero estas objeciones (esta mala fe) no puede frenar la acción de Jesús, que nos mira con misericordia, se apiada de nuestras dolencias, y nos llama a implicarnos en la acción divina de aliviarlas, de sanar, curar y hacer presente en nuestro mundo la salvación. La exhortación de Jesús a orar para que el Señor envíe obreros a la mies es en sí misma una llamada a convertirnos en esos obreros, a dejar nuestras idolatría y mala fe, para unirnos a Él y a su misión.

Saludos cordiales

José María Vegas CMF

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