Comentario al Evangelio del 6 de noviembre de 2026

Fecha

06 Nov 2026

Lucas cuenta, en el texto del Evagelio de la liturgia de hoy, una historia muy verosímil. El relato preciso y claro de un fraude. Es muy posible que Jesús lo conociera porque la oyera de buenas fuentes, tal vez del propio hombre rico o porque fuera tema de conversación entre la gente. No parece un invento improvisado sino una historia real que Jesús cuenta como un redactor de noticias que supiera muy bien su oficio, cosa que en nuestros días no abunda mucho. La consecuencia o enseñanza de esta primera parte del discurso es una constatación que podemos hacer actualmente sin dudar: ciertamente los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz.

¿Cómo nos consideramos? ¿Que opinión o conocimiento podemos tener sobre nosotros mismos? En nuestros días está de moda que personajes del más diverso pelaje se consideren ”seres de luz”. Su imagen pública oscila, en muchos casos, entre lo cursi y lo rotundamente feo. Ellos, sin embargo, están convencidos de ser algo extraordinario, original y portentoso o como afirman algunos “están en el lado correcto de la historia”. Salvo algún caso especial, más o menos dañinos, más o menos peligrosos, forman parte de los hijos de este mundo. Algunos llegan a conseguir ser admirados y tener seguidores.

Pero los que Jesús nombra como hijos de la luz son los sencillos y puros de corazón, los humildes que no buscan notoriedad, los que dicen la verdad, los que confían en Dios, los que trabajan por la paz, los misericordiosos… De ellos tenemos un dibujo fiel en las Bienaventuranzas de Jesús.

Si continuamos mañana meditando este capítulo de Lucas a lo mejor llegamos a entender lo que nos pide Jesús a los que deseamos ser hijos de la luz.

Cármen Fernández Aguinaco

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