Comentario al Evangelio del 4 de noviembre de 2026

Fecha

04 Nov 2026

Le seguía una gran multitud de personas. A lo mejor porque habían presenciado un milagro, porque alguien les había hablado de Él, porque esperaban al Mesías, porque les fascinaba su sola presencia… Y seguramente, un buen número, por aquello de ¿dónde va Vicente?

La situación resulta bastante frecuente en nuestros días. Lo hemos visto hace poco en las visitas del Papa León XIV a  España y a Francia pero también lo vemos a diario en eventos deportivos, musicales, marchas solidarias, etc. En demasiadas ocasiones son jóvenes en buena parte ignorantes de ser manipulados por ideologías, medios de comunicación, redes sociales…

Posponer no es anular, es poner detrás. Jesús sabe que esa multitud se quedará solo en unos cuantos y le dirige un mensaje que la pondrá a prueba. Para seguirle en necesario posponer todo lo demás. Incluso lo más sagrado, lo prescrito en la Ley: honrarás a tu padre y a tu madre. Los adultos también, a veces, nos quedamos en la intensidad de un momento, en la alegría de los cantos y la fiesta, en la devoción que emociona… Todo está bien pero “hay que posponer” porque lo esencial es el seguimiento a secas, sin adornos.

Al seguimiento que nos pide Jesús hay que responder con sensatez. ¿Conocemos cual es nuestra fe o repetimos el Credo automáticamente en la Eucaristía? ¿Sabemos que dar testimonio de Cristo requiere valentía, incluso llegando hasta al martirio?

Jesús pone el ejemplo de la construcción. Para construir se necesitan materiales. ¿Tenemos conocimiento, sabiduría, discernimiento…? Y si creemos que es así ¿Se los hemos proporcionado a nuestros hijo, alumnos, sobrinos, nietos?

También el de la lucha. Para  combatir se necesita contar con un ejército más numeroso que el del enemigo. Además bien entrenado. ¿Qué hay de la formación del carácter, del conocimiento propio, de los hábitos virtuosos? Sospecho que muchos padres y abuelos no hemos sabido trasmitir estas cosas o nos hemos retirado por miedo a la presión ambiental.

Dios quiera que todos esos jóvenes, tocados en el corazón en momentos especiales se encuentren con Jesucristo y comprendan cómo tienen que seguirle cargando con su cruz. Dios quiera que los adultos que podemos ayudarles en sus búsquedas no les ocultemos lo recio y difícil del camino.

Cármen Fernández Aguinaco

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