Comentario al Evangelio del 4 de agosto de 2026
Hay tres cosas a subrayar en el texto evangélico de hoy: la oración, el “no tengáis miedo” que les dice Jesús a los discípulos y la cercanía que sentían los enfermos con Jesús. Son tres elementos que en realidad están profundamente relacionados.
Lo primero, la oración. Jesús aprovecha la noche para subir al monte a orar en soledad. Pero parece que no le dura mucho la oración porque cuando presiente que los discípulos lo están pasando mal en la barca, deja la oración y se acerca a ellos. Los cristianos no estamos llamados a ser eremitas. No tenemos por vocación dedicarnos exclusivamente a la oración y la meditación continua. Eso puede ser una parte de nuestra vida. Si se quiere, una parte muy importante. Pero siempre va a estar por encima, como la prioridad de las prioridades, el servicio a los hermanos. Si en algún momento la oración provoca que dejemos a los hermanos y sus necesidades de lado porque “me tengo que dedicar a la oración”, tendríamos que decir esa no es una verdadera oración cristiana. Repito: la prioridad es siempre el hermano. Y más aún el hermano necesitado. Mi bienestar queda en un segundo plano. Porque el verdadero y más auténtico lugar de encontrarme con Dios es en el hermano.
Lo segundo es la frase que Jesús dirige a sus discípulos, que debían estar aterrorizados, porque solo el que ha vivido una tormenta en el mal en una pequeña barca sabe lo que es el terror de verdad. Jesús les dice simplemente: “No tengáis miedo”. Es una actitud básica del cristiano. No tener miedo a esa imagen del Dios fiscalizador, castigador, controlador que tanto nos han metido en la cabeza a muchos, porque el Dios de Jesús es padre de misericordia, es Amor (como dice a primera carta de Juan 4,8). Ni tener miedo a los que nos puedan hacer otros porque Dios está con nosotros.
Y lo tercero que es que Jesús se sigue haciendo cercano a todos. Y todos confían en él. No se asustan. Porque saben que de él solo puede venir la vida y la esperanza. Y ahí Jesús tiene claras sus prioridades: acercarse a los pobres es dar testimonio de cómo es Dios, tanto o más que en sus momentos de oración. Desde su especial relación con Dios, Jesús vive una profunda confianza y amor por sus hermanos. A ver si le imitamos.
Fernando Torres