Comentario al Evangelio del 3 de agosto de 2026

Fecha

03 Ago 2026

Decimos que Jesús es el Hijo de Dios. Decimos que en sus palabras encontramos la Palabra de Dios. Decimos que, en su forma de comportarse, descubrimos la forma de comportarse de Dios mismo. Pues bien, hoy vemos a Jesús hablando y haciendo y deberíamos de concluir que en lo que habla y en lo que hace descubrimos a Dios mismo, su modo de ser y comportarse con nosotros.

Jesús, es lo primero, siente lástima de la multitud que se encuentra al desembarcar. Lástima es compasión, es corazón abierto, es sentir con los demás. Es no poner en primer lugar sus propios sentimientos y necesidades, sino poner el primer lugar los sentimientos y necesidades del otro. Jesús podía estar cansado del viaje, podía sentirse amenazado por aquel Herodes que acabada de matar al Juan Bautista. Pero todo eso se queda de lado, en segundo plano, cuando ve el gentío y sus necesidades. Jesús siento con ellos, se con-padece. Esto ya nos dice mucho de cómo es Dios.

Pero Jesús no se queda ahí. No se queda en un puro sentir lástima. Actúa y en su modo de actuar nos dice cómo actúa Dios: Jesús cura a los enfermos. Es decir, atiende especialmente a los que sufren y procura aliviarles el sufrimiento y devolverlos a la esperanza, al río de la vida. Porque en aquella época, la enfermedad estaba extrañamente unida a la marginación (recordemos que en la época la enfermedad era signo de pecado…). Este es Dios el que se acerca a los que sufren, les da la mano, les levanta y les integra en la familia humana. No margina sino que incluye.

Y termina Jesús dando de comer. Pero no se trata solo de repartir comida. Es algo más. Porque comer juntos en la familia humana tiene un significado mucho mayor que el de satisfacer meramente la necesidad física de alimentos. Comer juntos es hacer familia, dialogar, encontrarse, reconocer al de enfrente como hermano. Todos comen y quedan satisfechos. Así es Dios, el que quiere ver a sus hijos todos sentados a la misma mesa, compartiendo el pan y la vida.

Pues no hay más que decir. Si queremos seguir a Jesús, lo nuestro es compadecernos, atender a los que sufren y trabajar para que todos, sin excluir a nadie se puedan sentar a la mesa de la fraternidad.

Fernando Torres

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