Comentario al Evangelio del 3 de abril de 2026

Fecha

03 Abr 2026

El Viernes Santo es tiempo de tradición, procesiones, oficios en la iglesia (que no Eucaristía), adoraciones al Santísimo, tiempo de vela. O así era, que con el tiempo para muchos es tiempo de puente, de vacaciones, de escapada del trabajo normal. Quizá no haya que recuperar toda aquella parafernalia de mi niñez, en que hasta el interior de las iglesias se vestía de negro. Pero, dejando de lado lo más superficial, si que haya algo que mantener. Porque estamos ante un momento clave de la vida de Jesús.

En el caso de Jesús la muerte no es un accidente sobrevenido. Es la más directa culminación de su vida, de su forma de comportarse, de su predicación, de su enfrentamiento con los que se sentían los dueños de la religión y, como consecuencia, los dueños de Dios. Es la culminación de sus diatribas con fariseos y saduceos, de su actitud ante el Templo de Jerusalén, centro de la vida religiosa y política de los judíos.

Hay una canción de la ópera rock “Jesucristo Superstar” que recoge perfectamente lo que pudo ser la actitud de los poderes religiosos de la época ante Jesús. Entienden que tienen un problema con Jesús y que tienen que tomar una decisión. El populacho se ha entregado a Jesús, el milagrero.  Y Jesús está revolucionando al pueblo. Eso puede hacer que los romanos castiguen al pueblo. En realidad, están preocupados porque les castiguen a ellos y que pierdan sus privilegios. La conclusión es sencilla: por el bien del pueblo (eufemismo para decir que por su propio bien, el de los poderosos) Jesús debe morir.

Y así sucedió. Pero Jesús era muy consciente de que esto podía suceder, de que iba a suceder. Con esa conciencia emprendió la subida a Jerusalén. No podía ser de otra manera. Por pura coherencia con lo que pensaba y vivía sobre el Reino, sobre Dios. Había que entregarse hasta el final. Hasta dar la vida. Y ponerlo todo en las manos de Dios, de su Abbá. Tenía que llevar su fe y su confianza hasta el extremo.

Esto es lo que celebramos el Viernes Santo. No solo la muerte física de Jesús sino su entrega en total confianza a su Padre. Hasta el extremo. Y por ahí se encuentra el camino de nuestra salvación, de nuestra vida: aprender de Jesús a confiar hasta el final. Por el Reino.

Fernando Torres, cmf

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