Comentario al Evangelio del 29 de marzo de 2026

Fecha

29 Mar 2026

Queridos hermanos, paz y bien.

Cereyo Barredo -Domingo de Ramos - Ciclo AHemos llegado al final de la Cuaresma, abordamos la Semana Santa, para la que nos hemos estado preparando, cada uno según sus posibilidades. Estamos comenzando una nueva Semana Santa, que es una posibilidad para irnos configurando cada vez más con el Señor. Dejemos que lo escuchado en estos cinco domingos de Cuaresma y hoy en el relato de la Pasión cale en el corazón de cada uno de nosotros.

Todos los evangelistas dedican largo espacio al relato de la Pasión y Muerte de Jesús. Los hechos son fundamentalmente los mismos, aunque narrados desde perspectivas distintas. Cada evangelista presenta también detalles, episodios y llamadas de atención que les son propias, poniendo así de manifiesto su interés por algunos temas de catequesis considerados significativos y urgentes para sus respectivas comunidades. La versión de la Pasión que hoy se nos propone es la de san Mateo. No es un día para hacer largas reflexiones, porque ya de por sí la celebración se alarga, pero sí me parece interesante comentar algunos aspectos de esta liturgia. No en vano el Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa.

El Domingo de Ramos comenzó todo. Jesús llevó a cabo su última procesión, una marcha hacia el destino de su vida entera, Jerusalén. Allí llegó, para encontrarse con todo el pueblo, para dar a la gente, a todos, la posibilidad de que lo reconocieran y lo acogieran. Va con el amor de Dios como bandera, y la paz en las manos, ofreciendo gratuitamente un camino de felicidad y salvación. Porque Jesús siempre buscó la cercanía y el encuentro.

Mateo repite varias veces que “todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas”. Desde el comienzo de su predicación hasta la muerte en cruz, todo ha sido predicho. Nuestro evangelista resalta, sobre todo, un paralelismo entre la Pasión de Jesús y el drama vivido por el justo del que habla el Salmo 22. Las correspondencias son tantas como para suponer que la intención del autor del salmo hubiera sido darnos una descripción detallada de lo que le sucedería al Mesías. Al revés. Se debe a una selección interesada del evangelista, quien ha querido contarnos la Pasión y Muerte de Jesús teniendo presente el esquema de este salmo.

Mateo escribe su evangelio para los judíos, que han sido adoctrinados por los rabinos para esperar a un Mesías vencedor, grande y potente. Y lo ha hecho para ayudar a los lectores a ir más allá de la mera crónica de los acontecimientos y abrirse al significado profundo de lo que sucedía. Para que vieran al Crucificado como al Mesías esperado. Dios no ha salvado milagrosamente a Cristo de una situación difícil, no ha impedido la injusticia y la muerte de su Hijo, pero ha trasformado su derrota en victoria, su muerte en nacimiento, para que surja una vida sin fin.

También es interesante cómo Mateo presenta a un Jesús pacifista, totalmente en contra de la violencia. “Quien a espada mata, a espada muere”. De alguna manera, los discípulos de Jesús debemos ser hijos de la paz. Lo remarca a menudo el Papa León XIV, hablando en contra de todas las guerras que en el mundo hay abiertas. Los primeros cristianos lo tenían claro: un discípulo de Cristo debe estar dispuesto, como el Maestro, a dar la vida por el hermano y no a matarlo; nunca matarlo, por ninguna razón. Los mártires de todos los siglos nos lo recuerdan.

Mateo es el único evangelista que narra la muerte de Judas. Judas Iscariote representa a todos los que se entusiasman con Jesús, pero luego, al ver que no cumple sus expectativas, lo abandonan o se pasan al bando de los perseguidores.

No sabemos muy bien lo que pensaría Judas después de entregar al Maestro, pero, cuando se dio cuenta de lo que había hecho, y sabiendo que no tenía amigos entre los Discípulos, quiso buscar ayuda. Pero, para su desgracia, recurrió a las personas menos adecuadas para entenderle: los sumos sacerdotes que se habían aprovechado de él. Si se hubiera vuelto a Cristo, seguramente la historia habría acabado de otra manera.

Voy terminando. Sólo el evangelista Mateo recuerda que colocaron una guardia armada para custodiar el sepulcro. Parecería que ha triunfado el mal, el justo ha sido vencido y encerrado para toda la eternidad en una tumba. Es lo que sienten y piensan muchas personas en nuestro días. Que no hay justicia, que los pobres no tienen salvación. Pero Dios, inesperadamente, hará girar la piedra del sepulcro por un ángel, que se sentará encima de ella para anunciar a todos la resurrección del Señor. El mal, la muerte, ya no tienen la última palabra.

La marcha del Señor no ha terminado. Hoy sigue caminando hacia cada uno de nosotros, porque quiere estar cerca de todos. Él quiere estar cerca de los ancianos y de los jóvenes, de los enfermos, de los obreros, de los catedráticos y, sobre todo, de los pobres, que son sus favoritos.

El Señor camina también hacia ti. Quiere encontrarse contigo. Quiere que sepas reconocerle y acogerle, porque quiere cenar en tu casa. A Él le gusta siempre la cercanía y la intimidad. Debes salir a su encuentro. No le puedes decepcionar.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

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