Comentario al Evangelio del 28 de marzo de 2026

Fecha

28 Mar 2026

Hoy la profecía de Ezequiel, que escuchamos en la primera lectura, anuncia el triunfo del Reino: “Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre…” El santuario de Dios entre los hombres es Jesús. Esa es la clave para que comprendamos la profecía. Es aquel predicador ambulante que hacía milagros, amaba a la gente, perdonaba a los pecadores, se mostraba cercano y amable pero también riguroso y severo, hablaba con autoridad y se proclamaba Hijo de Dios.

En el encuentro del Resucitado con los discípulos de Emaús, leemos cómo Jesús les fue explicando las Escrituras porque en ellas está anunciada, detalle a detalle, su vida desde la Encarnación hasta la Resurrección.

El Sanedrín era el Consejo Supremo y el tribunal más alto del pueblo judío en tiempos de Jesús. Funcionaba como una autoridad religiosa, legislativa y judicial que regía los asuntos internos de Judea bajo la supervisión romana. Los sumos sacerdotes, los fariseos y los ancianos convocados al Sanedrín conocían las profecías y también a Jesús. No vieron o más bien no quisieron ver que esas Escrituras veneradas habían hablado de Él durante siglos. Estaban atrapados en el miedo. Los signos de Jesús, sus obras, más que argumentos en su defensa representaban una amenza a la estabilidad política y seguramente también un peligro para su posición social y su poder.

Como señala con agudeza el evangelista, el sumo sacerdote, no por propio impulso sino por su cargo, fue impulsado a hablar proféticamente: conviene que uno muera por el pueblo. Ciertamente convino que aquello ocurriera para nuestra salvación.

A veces, los que nos decimos seguidores de Jesús, podemos estar tentados como aquel Sanedrín por el atractivo de ser miembros de la Iglesia sin arriesgar nada. Nos desentendemos de los problemas, no queremos conflictos, estamos muy cómodos en una religión “blandita” que consuela un poco, que nos deja buena conciencia, que se adapta a las modas y a lo que “se lleva” en estos tiempos… No queremos líos. Pero seguir a Jesucristo nos va a pedir implicarnos en muchos líos inexorablemente… Y el primero de todos es creer con una fe activa, que se expresa en obras, en compromiso y en asumir los riesgos de ese seguimiento.

Virginia Fernández Aguinaco

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