Comentario al Evangelio del 27 de enero de 2026

Fecha

27 Ene 2026

Éstos son mi madre y mis hermanos.

Queridos hermanos, paz y bien.

Sigue la fiesta por el comienzo del reinado de David. Este rey singular decidió trasladar el Arca de la Alianza a Jerusalén, la nueva capital del reino, país que él acababa de unificar, para fortalecer su poder político e institucionalizar Jerusalén como la ciudad del pueblo israelí, el lugar donde residiría permanentemente la presencia divina. El Arca había estado antes en Quiriat-Jearim durante muchos años, después de ser devuelta por los filisteos, quienes la habían tomado como botín en una batalla.

David reunió a los mejores guerreros de Israel para transportar el Arca porque era importante para él, debido a que simbolizaba la presencia de Dios y el pacto que había hecho con su pueblo. El primer intento no tuvo éxito. Cuando finalmente David introdujo el Arca en Jerusalén se produjo un momento de gran celebración. El rey David danzaba delante del Señor con todas sus fuerzas, vestido con un efod de lino. Y ofreció sacrificios, y organizó una gran celebración comunitaria. La esposa del rey David, Mical, descendiente de Saúl, lo despreciaba por un comportamiento que ella consideraba indigno para un rey, pero David respondió que lo que él celebraba era la presencia del Señor entre su gente. Todos unidos, alrededor del Arca de la Alianza, bajo un único monarca. Un motivo de alegría.

Y llegamos al Evangelio. Este pasaje refleja un momento clave en la vida pública de Jesús. Se van aclarando cómo son las cosas en el Reino de Dios. Ha habido siempre tensión entre las relaciones biológicas y la familia espiritual que se forma en torno a la Jesús, Es cuestión de prioridades. Aunque su madre y sus hermanos vienen a buscarlo, Jesús no los rechaza, pero sí redefine su identidad familiar.

La madre y los hermanos de Jesús llegan, pero se quedan afuera, lo que indica que no pueden acceder a Él debido a la multitud que lo rodea. Su intención parece ser protegerlo, posiblemente por creer que está «fuera de sí», lo cual revela una comprensión limitada de su misión. Hace falta un camino de preparación para entender el plan de Dios. El Evangelio de Marcos, precisamente, es como un camino catecumenal hacia el pleno conocimiento del Mesías.

Al responder a la multitud que le anuncia que su familia lo busca, Jesús pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» Luego mira a los que están sentados a su alrededor y dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.» Este cambio de enfoque no niega el amor filial, sino que amplía el concepto de familia. La verdadera familia de Jesús no está basada en la sangre, sino en la fidelidad a Dios. Aquellos que escuchan, siguen y viven su palabra se convierten en su familia más cercana. Sin duda, María, su Madre, siempre estuvo cerca de Él.

Se nos invita, pues, a reflexionar sobre las prioridades en nuestra vida cristiana. A veces, incluso las relaciones más cercanas pueden poner en riesgo nuestra fidelidad a Dios. Jesús no rechaza a su madre, pero señala que la voluntad de Dios debe ser la guía suprema. Hoy, esta enseñanza sigue siendo una llamada a vivir en comunión con quienes siguen a Cristo, más allá de lazos sanguíneos.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

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