Comentario al evangelio del 26 de abril de 2026

Fecha

26 Abr 2026

Yo soy la puerta de las ovejas.

Queridos hermanos, paz y bien.

Domingo 4 de Pascua Ciclo AEl cuarto domingo de Pascua es conocido tradicionalmente como el Domingo del Buen Pastor.  Es un nombre consolidado en la tradición de la Iglesia Católica desde hace siglos. Tiene su origen en el capítulo diez del Evangelio de Juan, donde Jesús se presenta como el «Buen Pastor» que da la vida por sus ovejas. Además de la meditación sobre el Buen Pastor, este domingo ha sido instituido oficialmente para celebrar la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Porque siguen haciendo mucha falta buenos pastores.

La imagen del Buen Pastor tuvo un éxito notable entre los cristianos quienes, ya desde los primeros siglos de la Iglesia, representaron a Jesús como Buen Pastor cargando sobre sus hombros un cordero o una oveja. Esas representaciones se conservan en las catacumbas romanas y en numerosos sarcófagos de distinta procedencia. La imagen sugiere la ternura de Cristo y su amor solícito por los miembros de su comunidad, su mansedumbre y paciencia, cualidades que se asignan convencionalmente a los pastores, incluso su entrega hasta la muerte. Ya sabemos que “el buen pastor da la vida por sus ovejas”.

Puede que, en una realidad urbana sembrada de centros comerciales, semáforos, automóviles y demás, la figura del Buen Pastor que nos presenta este domingo IV de la Pascua no resulte la más actual para captar la hondura de la persona y del mensaje de Jesús. Quizá, por ello mismo, habría que concluir (sin olvidar la imagen clásica que el evangelio de hoy nos presenta) que Jesús es un hilo conductor que nos ofrece la luz necesaria para ver los acontecimientos de la vida, con la mirada de Dios, y es aquel hilo conductor que, cuando se vive conectado a Él, produce inmediatamente la vida.

Jesús, el Buen Pastor, es el nos abre a todo un océano de posibilidades:

– Va por delante de las ovejas. Las llama por el nombre y las saca del redil. Abre la puerta, para que las ovejas salgan y le sigan. Y si cruzas esa puerta, antes o después te acabas encontrando con Jesús. Es como un ascensor por el que los creyentes podemos subir hasta la felicidad del cielo.

– Busca a las ovejas perdidas. Es un psicólogo excelente. Conoce a cada una de sus ovejas. Sabe lo que nos pasa, lo bueno y lo malo. El día de nuestro Bautismo entró en lo más hondo de nuestro corazón y no ha dejado de acompañarnos hasta hoy. Si nos perdemos, porque nos alejamos de Él, consciente o inconscientemente, sale a buscarnos, porque sin ti el rebaño no está completo. Y no para hasta encontrarte.

– Da la vida por las ovejas. Porque las siente como suyas, no es un “mercenario” a sueldo. Cuando llegan los peligros, se pone delante de sus ovejas, para que no sufran nada.

– Las lleva a buenos pastos, donde hay verde hierba y agua abundante, para que reposen y poder curar las heridas. Quiere darte un descanso provechoso, para que recuperes las fuerzas y que sientas en el camino su protección y su cercanía, para que estés seguro. Por eso merece la pena aprovechar y disfrutar del Pan de Vida que nos da en la Eucaristía. La Santa Misa es la ventana que nos permite contemplar la gran fiesta a la que estamos llamados.

Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?

– Seguir al pastor y conocer su voz. Escuchar su Palabra, que está al alcance de la mano cada día. Acompañando al Pastor, intentando vivir como Él, es como mejor se le conoce. Incluso puedes llegar a ser pastor para otros. Como los Apóstoles y los Evangelistas, que recogieron el mensaje de Cristo, para que no se perdiera.

– Dejarnos conducir por Él. Jesús ha abierto el camino, nos ha mostrado cómo se puede llegar a los verdes pastos, y nosotros nos empeñamos en buscar atajos complicados y peligrosos, bebemos de fuentes contaminadas, escuchamos voces embusteras y nos dejamos llevar por pastores que ofrecen felicidad efímera, a coste de la propia vida. No le dejamos al Maestro guiarnos.

– Ser rebaño. En solitario, somos ovejas perdidas. Nuestro Pastor nos quiere junto a otras ovejas. Si estamos perdidos, nos llama por nuestro nombre para que volvamos a Él. Somos únicos e irrepetibles, pero nos quiere junto a nuestros hermanos. Un sólo Pastor y un sólo rebaño. Eso debe recordarnos que no elegimos a los miembros del rebaño. No somos quién para echar a nadie del grupo. Nuestros compañeros de establo nos los da el mismo Cristo. Y no quiera Dios que alguien se haya perdido por mi culpa…

La imagen del Buen Pastor debe evocar en nosotros a esa persona que cuida y protege las ovejas encomendadas a su cuidado. ¿Tengo yo esa sensación de paz, seguridad y confianza que debe darme el sentirme en buenas manos, en las manos de Dios Padre que “pastorea mi alma”?

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

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