Comentario al Evangelio del 25 de octubre de 2026

Fecha

25 Sep 2026

En el prefacio, hoy el sacerdote recita lo que la liturgia determina para la  Misa votiva del Sagrado Corazón: Damos gracias por Cristo Jesús que con amor admirable se entregó por nosotros… Y en el Evangelio escuchamos un relato que se repite en otros  y que algunos comentaristas han llamado el “secreto mesiánico”. Jesús ordena a los discípulos que guarden silencio sobre su condición de Mesías. No niega ser realmente el Mesías de las promesas, el esperado por Israel pero no quiere que esto confunda y escandalice cuando sea condenado por el sanedrín y entregado a la muerte.

Se dice al principio que Jesús estaba orando solo y parece que, de pronto, se dirige a los discípulos con dos preguntas: ¿que dice de mí la gente? ¿qué decis vosotros? La gente habla de él como uno de los profetas, Pedro no lo duda: es el Mesías. Entpnces Jesús les manda callar.

Su misión no podía ligarse a un mesianismo político y triunfalista, sino que debía conducirse pacientemente hacia el calvario; porque solo en la total vulnerabilidad de la cruz el secreto se rompe, revelando simultáneamente el escenario de las maquinaciones sociales y políticas pero también el misterio definitivo del amor divino.

Jesús en la oración y en el silencio abraza y asume por completo el fin por el que el Hijo ha adquirido una naturaleza humana. Porque era necesario que ocurriera así para redimir a la humanidad al liberarla del pecado. Para que fuéramos curados en sus llagas y volviéramos a la dignidad de hijos del Padre.

La Cruz nos ha liberado por Jesucristo y abrazando la Cruz podemos ofrecernos como Él por la salvación de todos. Y bien sabemos que en toda vida humana hay una cruz o muchas y podría ser que meditando las palabras de Jesús, en el silencio de la oración personal, aprendiéramos a cargar con ellas sin amargura ni resentimiento. Más bien como ocasión de gracia.

Virginia Fernández Aguinaco

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