Comentario al Evangelio del 25 de mayo de 2024

Fecha

25 May 2024

Queridos hermanos, paz y bien.

El apóstol Santiago nos invita, en todo momento, a recordar que Dios está presente en nuestra vida. Cuando estamos mal, cuando estamos alegres, cuando hemos pecado, siempre. En cada uno de estos momentos, tenemos la posibilidad de volver la mirada a nuestro Padre misericordioso, que nunca deja de esperarnos.

En concreto, la oración por los enfermos. Rezar los unos por los otros, para que vuelva la salud, y para que sean perdonados los pecados. En ocasiones, no podemos hacer otra cosa por nuestros familiares y conocidos enfermos que rezar. La oración de fe salvará al enfermo.

Además, la Unción de enfermos está ahí, como un momento para acompañar a los que sufren en nuestras comunidades y parroquias. Consolando a las familias, y atendiendo a los que no se pueden valer.

A Jesús los niños no le molestan. Los abraza, los bendice, los mira siempre con amor y esperanza. No están maleados, muestran un corazón abierto, no ponen condiciones para escuchar el mensaje, les gusta ser abrazados por Jesús, se dejan llevar por Él.

Sería bueno, quizá, seguir a Jesús como los niños siguen a sus padres cuando van a algún lugar. Con confianza, con alegría, sabiendo que todo lo que venga será bueno para nosotros. Porque Dios quiere que seamos felices, y lo seremos, si podemos abandonarnos en sus manos.

El Reino de Dios, no lo olvidemos, pertenece a los que son como niños. No se trata de ser infantiles, porque Dios quiere que seamos adultos en la fe. Pero se trata de no perder lo que hace a los niños preferidos para Jesús, es decir, esa confianza, esa alegría en el seguimiento, en permanente búsqueda de la felicidad, sabiendo que es posible, como todo es posible para los que creemos.

Y lo último, ya. Si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte. Que no se nos olvide que todos somos responsables de la salvación de todos. Quizá no sea tan difícil llamar por teléfono o a la puerta de un vecino que no ha venido a Misa dos semanas, por ejemplo. O recordar a los parientes y amigos que viene una fiesta religiosa, para que recuerden que también son cristianos. Felicitar el día del santo, como ocasión para hablar de Dios con ellos. Ser listos, aprovechar las oportunidades que la vida nos va ofreciendo. Porque la salvación de los hermanos puede estar en nuestras manos.

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro Carbajo, C.M.F.

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