Comentario al Evangelio del 24 de agosto de 2026
Hoy celebramos la fiesta del apóstol san Bartolomé. Es uno de esos apóstoles que se han quedado un poco en la zona gris del grupo, de los que no sobresalen. Ni siquiera el nombre lo tenemos claro porque damos por supuesto que el Bartolomé de los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) es el que aparece con el nombre de Natanael en el evangelio de Juan, ya que en este no aparece ningún Bartolomé entre los apóstoles. Esto no es un problema. La mayoría de los cristianos estamos en ese grupo de los grises. Nuestro nombre no va a pasar a la historia. Pero eso no significa que no hayamos sido fieles discípulos de Jesús, que su presencia arrolladora no nos haya deslumbrado y dejado marca en nuestras vidas. Con nuestras limitaciones, con nuestras miserias, pero ahí estamos, fieles y leales.
Quizá porque ha habido algún momento en nuestras vidas como el que nos narra el texto evangélico de hoy: el primer encuentro de Natanael con Jesús. Es un relato un poco confuso. Da la impresión de que Natanael estaba buscando algo. Así se entiende que Felipe le señale a Jesús como la posible respuesta a las inquietudes de Natanael. Sus inquietudes no significan que esté dispuesto a creer al primer predicador que se le pase por delante. Parece que los orígenes de Jesús no le convencían de entrada.
Pero se produce el encuentro y la impresión que nos deja el relato es que Natanael queda deslumbrado. Algo le llega de tal modo al corazón y a la mente, que no puede más que reconocer en Jesús al Hijo de Dios. Y a partir de ahí, entendemos que todo cambió en la vida de Natanael. No digo que se le fueran todas las preguntas y las dudas. No digo que fuese el mejor de los apóstoles. También él salió corriendo en el momento de la cruz. Pro volvió y fue fiel. Y dedicó su vida a anunciar el reino y a hablar de Jesús.
Quizá sería bueno que dedicásemos un momento a revivir aquel primer encuentro o primeros encuentros con Jesús. Aquel que nos llevó a ir más allá de pensar en el pecado o en la salvación para descubrir que vale la pena tratar de seguir a Jesús, de actuar como él, de hacer presente el amor de Dios en nuestro mundo.
Fernando Torres, cmf