Comentario al Evangelio del 23 de junio de 2026
Queridos amigos:
¿Se puede pedir algo sin haber dado previamente? Por ejemplo, ¿se puede pedir una fruta sin haber plantado el árbol y haberlo cuidado? ¿Se puede pedir carne a un animal si no se le ha alimentado? O ¿se puede pedir amor a una persona si nunca ha sido amada?
Algo así pasa con el Dios de Jesucristo y su Evangelio. Cuando nos pide, es porque antes nos ha dado.
En el evangelio de hoy, se nos piden muchas cosas: tratar a los demás como queramos que nos traten, entrar por la puerta estrecha que lleva a la vida, evitar las puertas anchas que nos llevan a la perdición… Y en otras de sus páginas se nos piden otras muchas cosas más.
Y si se nos pide, es porque antes se nos ha dado. Dios nos ha dado la vida, las personas, las capacidades y cualidades, la fe, la Iglesia… la esperanza. Él nos amó primero, dándonos a su Hijo, para que nosotros podamos amar, también, dando la vida.
En el Evangelio, el indicativo va antes que el imperativo. Sentirnos amados, sabernos llamados por nuestro nombre y con una misión entre las manos, junto a otros… Y a partir de ahí, actuar. Eres hijo de Dios y hermano del prójimo: vive como tal. No al revés. Quien no se haya experimentado como hijo y hermano, difícilmente podrá vivir como tal, por mucho que se empeñe o que se le exija.
Por eso, la vida cristiana tiene sus raíces en la oración, en la celebración, en la escucha de la Palabra, la vivencia comunitaria… Y, a partir de ahí, se despliega en la vida, en la acción personal, comunitaria y social, como las ramas de un árbol que se extienden desde su tronco.
Somos capaces de amor y de entrega… porque Él nos amó primero.
Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF (@luismanuel_cmf)