Comentario al Evangelio del 21 de abril de 2026

Fecha

21 Abr 2026

Queridos hermanos, paz y bien.

Se consuma la muerte de Esteban, que muere perdonando a sus verdugos, como hizo Jesús. Hasta el final, fiel a su Maestro. Un final previsible para un testigo fiel, que no quiso renunciar a la Verdad que había encontrado en su vida. Un ejemplo de entrega a esa causa de la Verdad.

Ese Maestro que hoy tiene una conversación importante con la gente. Mucha gente estaba impresionada por el milagro de la multiplicación de los panes y buscaba a Jesús, pero no tanto para entender quién era, sino porque les había saciado el hambre.

La gente le pidió a Jesús una señal, recordando el maná que sus antepasados recibieron en el desierto. Sin embargo, Jesús les dijo que no fue Moisés quien les dio el pan del cielo, sino Dios. Ahora, el mismo Dios ofrece el verdadero pan que da vida al mundo. Jesús no es solo alguien que nos da cosas, sino que es el don de Dios mismo.

Jesús dijo: “Yo soy el pan de la vida». Esto significa que Él es el camino hacia Dios, no solo alguien que nos enseña el camino. Quien vaya a Él no tendrá hambre ni sed, porque en Él encontrará la plenitud que nada en este mundo puede dar.

Este mensaje nos hace pensar. ¿Qué es lo que estamos buscando en la vida? En un mundo donde todo es rápido y superficial, es fácil quedarse en lo que nos hace sentir bien momentáneamente. Sin embargo, el Evangelio nos dice que hay un hambre más profunda: el deseo de sentido, de amor verdadero, de vida plena. Solo Jesús puede satisfacer esa hambre.

Este pasaje también nos habla de la Eucaristía. Jesús se entrega a nosotros en la Eucaristía, que es un alimento espiritual que nos hace más fuertes en la fe y nos une más con Dios. Participar en la Eucaristía no es solo un rito, sino un encuentro que nos cambia la vida.

La gente le dijo a Jesús: “Señor, danos siempre de ese pan». Esto es algo que también deberíamos pedir. Reconocer que necesitamos a Dios es el primer paso para recibir su don. Cuando nos acercamos a Jesús con fe, descubrimos que Él nos da una vida nueva, llena de esperanza y sentido.

Así, este relato nos invita a ir más allá de lo superficial y a encontrar en Jesús el verdadero alimento que nos sostiene y transforma la vida, la fuente del amor. “El amor es nuestro verdadero destino. No encontramos el sentido de la vida por nosotros solos, lo encontramos con otro.” (Thomas Merton). Que hoy lo vivas, lo des y lo recibas.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

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