Comentario al Evangelio del 20 de mayo de 2026
Las lecturas de hoy continúan las narraciones de los días anteriores. La despedida de Pablo de los presbíteros de Éfeso, en el libro de los Hechos, y la oración sacerdotal de Jesús en el evangelio de Juan. Dos textos valiosos por sí mismos, con riquezas propias, pero en el contexto de la liturgia de hoy ayudan a perfilar dos enfoques distintos al entender la configuración de las primeras comunidades cristianas. El testo de los Hechos refleja el papel decisivo que se da a los pastores. Desde el iniciador, Pablo, hasta sus delegados, presbíteros en cuyas manos se confían las comunidades con avisos significativos sobre las futuras agresiones y deformidades doctrinales, parece como si la supervivencia de estas comunidades dependiera de ellos. Pero también se confía en la Palabra anunciada que tiene fuerza y poder de salvación.
En cambio, en la oración sacerdotal de Jesús, que nos desvela sus deseos más íntimos y personales – y en este sentido es impagable – pero desde la que se refleja un horizonte diverso. Jesús le pide al Padre para que entre los miembros del colegio apostólico reine la unidad, una unidad especial, similar a la unidad que existe entre el Padre y el Hijo. Porque tal unidad es la que les ayudaría a estar protegidos del mal – Jesús, que les ha protegido, se va – a vivir ese modo peculiar de ‘estar en el mundo sin ser del mundo’, y a ser santificados en la verdad, gracias a la Palabra que Jesús les ha dado. Resalta de modo notable el vínculo y el paralelismo con la persona de Jesús. Como Jesús no es del mundo, ellos no son del mundo; como el Padre envió a Jesús al mundo, así Jesús envía al mundo sus discípulos. Es Jesús mismo el que se consagra para que los discípulos puedan consagrarse en la verdad.
No se trata de perspectivas opuestas, ambas son necesarias. Pero puede que hoy resulte más urgente la segunda, dado que el horizonte secularizado ha privado de algunos presupuestos que servían para sostener la primera (religiosidad natural, aprecio de los sacerdotes, vigencia social de la religión). En la medida en que la segunda perspectiva se orienta a asegurar la presencia del mismo Cristo resucitado en el seno de la comunidad seguramente es más capaz de afrontar las actitudes de rechazo y persecución que nunca han faltado en la historia de la Iglesia.
Carlos Luis García Andrade cmf

