Comentario al Evangelio del 20 de marzo de 2026

Fecha

20 Mar 2026

Dependencia

Hoy día se habla mucho de la dependencia como un mal síntoma psicológico. Y podría ser si acaba con la libertad personal.  Se valora enormemente la independencia. Pero quizá se esté confundiendo independencia con libertad. La libertad de saberse consciente y alegremente dependiente de algo mayor que uno mismo, del propio Dios, es mucho más gloriosa que la independencia autosuficiente. Sobre todo, porque tal independencia es muy arriesgada. La primera lectura de hoy nos habla de los malvados tratando de tender una trampa al justo. El justo es quien tiene su referencia siempre en Dios, en la verdad y en la luz. El justo es el que sabe, como dice el Salmo, que el Señor no está lejos de sus fieles. El justo, en la fe cristiana, es el ungido, es decir el propio Cristo.

Jesús asegura que no hace las cosas por cuenta propia. Es decir que, como enviado, obra por el Padre. Y esto es lo que le protege del peligro inminente. El peligro, es decir, la traición, la Pasión y la muerte, no va a pasar. Pero será en el tiempo de Dios y no como trampa, sino como consciente aceptación. No como resignación a una voluntad oscura y algo cruel, sino como aceptación de la misión para la que es enviado. Los malvados no pueden tender ninguna trampa a quien es dependiente. Al independiente sí, porque se fía de su propia sabiduría y obras. Al independiente es muy fácil engañarle con adulación, promesas materiales, de poder, de gloria o de seguridad. El demonio—lo expresa C.S Lewis muy bien en Cartas del diablo a su sobrino—maneja esas armas muy eficazmente para llevarse al independiente a su terreno, a alejarse de Dios y a fiarse de sus propias fuerzas. Es decir, a caer en la soberbia, y cualquier otro pecado capital. El “mandao”, es decir, el que depende de Dios, no toma decisiones que no estén de acuerdo con la voluntad de quien lo envió; las toma libre y conscientemente, pero no son las suyas, sino las de Dios. No actúa por su propia cuenta.

Por supuesto que el depender de Dios no va a alejar el dolor ni el peligro, ni la pasión de nuestras vidas. No lo hizo por la del Maestro. Pero sabemos que será en su tiempo, en el momento preciso y necesario para nuestra propia redención y la salvación de otros. El mal no puede tendernos redes de confusión mientras dependemos de Dios.

Cármen Fernandez Aguinaco

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