Comentario al Evangelio del 2 de octubre de 2026

Fecha

02 Oct 2026

Cuando era pequeño, me enseñaron, probablemente mi madre, una oración que decía: “Ángel de la guarda, / dulce compañía, / no me dejes solo / ni de noche ni de día”. Había que rezarla al momento de meterse en la cama. Cuando fui más mayor y aprendí a conducir, me dijeron, entre risa y bromas, que el ángel de la guarda, cuando la aguja que marcaba la velocidad superaba los cien kilómetros por hora, automáticamente se bajaba automáticamente del coche. A partir de ese momento, el conductor era el responsable del coche y el ángel de la guarda se liberaba de toda responsabilidad en caso de que algo sucediese.

Es que al final, con todas nuestras limitaciones, que son muchas (y cada uno puede mirarse al espejo y ser honesto consigo mismo), el Señor nos ha regalado la libertad y con ella la carga de la responsabilidad de nuestros actos. Porque no hay libertad sin responsabilidad. Otra cosa es que nunca nos va a faltar la misericordia de Dios que es paciente con nuestras debilidades y meteduras de pata. Pero estamos llamados a ser responsables de nuestros actos. Eso conlleva que dejemos de echar la culpa a los demás. Aquello que hizo Adán en el Paraíso con la dichosa manzana (“Es que fue Eva la que me la dio y me dijo que era buena…”).

El ángel de la guarda es una forma encantadora de hablar de esa presencia gratuita y amorosa de Dio cerca de nosotros, a nuestro lado. El ángel de la guarda no está para resolvernos los problemas ni librarnos de los dolores. No nos exime de asumir nuestros deberes. Nos apoya, nos acompaña, nos anima. Pero no puede dar ni un paso por nosotros. Somos nosotros los que tenemos que caminar y llevar adelante nuestra vida. Como dice el Evangelio de hoy, somos nosotros los que tenemos que escuchar la Palabra y caminar por las sendas de la vida fieles a los valores del Reino. Como Jesús.

Fernando Torres, cmf

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